Biden mantendrá su condición de favorito hasta el final

El expresidente de EE UU y precandidato demócrata a la Casa Blanca Joe Biden saluda a simpatizantes en Oakland, California (EE UU).
Joe Biden saluda a simpatizantes en Oakland, California (EE UU).
JOHN G. MABANGLO / EFE

La política norteamericana, que siempre es fiel a sus tradiciones centenarias, acaba de pasar la jornada del “supermartes” en el que suele quedar definida la identidad de los candidatos que en noviembre –también en el primer martes– se disputarán la presidencia de los Estados Unidos. En esta ocasión, las primeras sólo las celebran los demócratas: Los republicanos dan por bueno, muchos a regañadientes, que sea Donald Trump quien compita, en su caso a la relección.

Este año los demócratas enfrentan el reto de elegir a un candidato que pueda enfrentarse con éxito al apoyo que gracias a la mejoría económica y al impacto en las clases bajas de la política demagógica contra la emigración del esperpéntico presidente. En el arranque de las primarias, los pintorescos caucus de Iowa, irrumpió con fuerza la candidatura del senador Barnie Sanders, que ya hace cuatro años había sido un duro contendiente contra la ganadora, Hillary Clinton. Una candidatura polémica para quienes ven a Sanders como un candidato acusado de socialista.

Analizando su programa y sus propuestas, Sanders quizás no llegue a tanto, pero sólo el hecho de que se le etiquete como socialista divide a la sociedad: mientras a una parte le alarma, en la otra, generalmente las generaciones jóvenes, cuenta con seguidores activos e ilusionados. Sus victorias en las primarias de New Hamshire y otros Estados pequeños, dieron inicialmente la imagen de que podría acabar consiguiendo el objetivo que viene persiguiendo desde hace varias legislaturas. Las perspectivas favorables se acrecentaban ante el mal resultado que iba logrando su principal adversario, el exvicepresidente de Obama Joe Biden, que partía como favorito.

Algunos analistas empezaron a considerar que Biden hubiese salido tocado por el intento de escándalo que Trump promovió implicando a su hijo en negocios oscuros en Ucrania. Pero parece que nadie consideraba que Sanders es vulnerable por el apellido de sus ideas y que Biden contaba con el respaldo del establishment del partido que, a pesar de su neutralidad, manejó hilos en la sombra, tres candidatos moderados se retirasen y, ya en las votaciones en Carolina del Norte, reapareció como vencedor. Una victoria que reafirmó en el “supermartes” ganando en nueve de los catorce estados en disputa.

El gran derrotado fue el multimillonario exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que competía por libre en una campaña sustentada sólo por los 500 millones de dólares que invirtió personalmente en el empeño. Sanders, que no cuenta ni con el respaldo de los suyos ni con tanta capacidad para obtener donaciones -los grandes grupos económicos lo rechazan- se quedó en segundo lugar, aunque manteniéndose todavía a la cabeza con algunos delegados más que Biden y el orgullo de haber ganado en California, el Estado con mayor representación y mayores inquietudes sociales.

Ante estos resultados, la batalla continúa abierta, ahora entre los dos. En la espera por los resultados en Florida, donde con mucha frecuencia se han resuelto dudas parecidas, la primera impresión contemplando el mapa de las tendencias electorales, donde predominan los estados más conservadores, el primer pronóstico es que Biden mantendrá su condición de favorito hasta el final, pero ante la convención de Milwaukee tendrá que acabar llegando a un acuerdo con Sanders que por mal que se le pongan las cosas no es probable que tire la toalla.

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