Genoveva Crespo  Periodista

El suelo pegajoso

Marcha feminista el 8-M en Madrid.
Marcha feminista el 8-M en Madrid.
Jorge París

Una de las aristas de la celebración del día de la mujer ha sido la división del movimiento feminista, por la división de opiniones en temas como la inclusión del derecho a la autodeterminación de género. El sentimiento no parece razón suficiente para ser de un género o de otro y, aunque nadie niega sus derechos a vivir como deseen, no cabe mezclarlos en la causa de las mujeres por la igualdad, en la que no conviene despistarse.

El año pasado fueron asesinadas 50 mujeres en España. Demasiado sufrimiento que no erradicamos. Demasiados hombres que no toleran la autonomía de las mujeres. Demasiada persistencia de una lacra ante que no cabe el negacionismo.

Como no se erradica el techo de cristal en las empresas, donde las cúpulas, salvo que haya indicaciones que obligan -como la CNMV ante los consejos de administración-, siguen siendo masivamente masculinas. Así ocurre en los equipos directivos, donde las mujeres aun hoy apenas ocupan el 17% de los asientos. En la creación de equipos en estos niveles, a igual capacidad, operan la afinidad, la confianza y la disponibilidad. O sea, ayuda mucho ser del mismo género -los jefes hombres se rodean de subjefes hombres- y compartir tiempo y aficiones, más allá del trabajo. Aunque empaten en capacidad y en disponibilidad, las mujeres tienen realmente difícil salvar las otras barreras.

Y de ahí a la brecha salarial. En 2022, las mujeres han ganado en España una media de 5.000€ al año menos que los hombres. Ese dato, que afecta a un gran volumen de población, debería ser una causa de movilización social y política. Los expertos explican que se debe a que las mujeres somos las que más trabajamos a tiempo parcial, más excedencias tomamos y más precariedad soportamos, y ocupamos los últimos puestos de la escala laboral en el sector de los servicios y los cuidados. Un “suelo pegajoso” que debería mover consciencias.

"Si no se ataja esa brecha, nuestras jóvenes estarán abocadas a una vida y un recorrido profesional más pobre que sus amigos"

Bienvenido sea el ensanchamiento de las bases del feminismo que traen las nuevas generaciones. Lo han revitalizado con una rabiosa defensa del derecho a construir una vida propia, desde la libertad y sin sometimientos ni miedos. Pero si no se ataja esa brecha, nuestras jóvenes estarán abocadas a una vida y un recorrido profesional más pobre que sus amigos. Ahí sí que hay tarea.

Ahora que tanto instituciones como empresas de más de 50 trabajadores tienen obligación de hacer planes de igualdad, su elaboración debería iniciarse con la reflexión del presidente o director general de en qué sociedad quiere vivir: en una sociedad plural y avanzada, o una sociedad monocolor y atrasada. Y si optan por el progreso, que sus comités directivos tengan un mínimo de mujeres del 40% y sean los referentes necesarios para que las más jóvenes aspiren profesionalmente a todo y no abandonen en mitad del camino. También, que las consideren para la industria. O muchas se irán a hábitats más igualitarios.

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