Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

El nuevo periodismo en tiempo de guerra: así la información sale de la trinchera

Reflejo que muestra el móvil grabando
Reflejo que muestra el móvil grabando
Atresmedia

El reflejo en la ventana de la imagen de Alberto Sicilia en conexión desde Kiev desvela que está siendo grabado con un móvil. No hay operador de cámara, sólo un trípode que sostiene su smartphone. Eso sí, el periodista aguanta con sus manos un micrófono tradicional de La Sexta, por aquello de resaltar el logotipo del canal y recordar que la emisora está en el epicentro de la noticia. Aunque ni siquiera le haría falta tal micrófono. Con el teléfono basta. Así ha cambiado la capacidad de retransmitir. El periodismo gana en versatilidad, ya no necesita conexiones vía satélite y puede ser más escurridizo que nunca sin grandes aparatajes. Sólo con datos ilimitados es suficiente. 

Como consecuencia, una de las máximas del periodismo se consigue con más facilidad que nunca: que los medios técnicos no impidan nunca contar una historia.  

Pero, a la vez, la información en directo ya no fluye sólo desde la elaboración profesional contrastada. Las redes sociales se convierten en fuente de información para los medios de comunicación, pues cualquier usuario puede comunicar sobre lo que está sucediendo desde sus redes sociales. Los estrategas bélicos lo saben, y lo utilizan. Se juega otra batalla desde la información viral. También para intoxicar, tambalear y marcar el relato de la batalla.  La propaganda tiene más plataformas que antes para diseminarse. Y fomentar la duda. 

A veces, hasta da la sensación de que por Twitter se ven más imágenes de los ataques que por los canales tradicionales de televisión, que están realizando grandes especiales informativos. Ahí es donde el paradigma del enviado especial clásico cambia. Ya no sólo es suficiente con narrar lo que sucede en el lugar de los hechos, también hay que examinar los impactos que llegan rápido por las redes sociales y sin tiempo a ser contrastados. Los equipos de verificación de TVE y La Sexta rastrean para evitar colocar bulos o vídeosfake en emisión. 

"Que los medios técnicos no impidan nunca contar una historia"

Es el momento en el que la palabra cautela, que empezábamos a olvidar, se debe priorizar. Es más, se debe explicar a la audiencia cuándo no hay certezas. Porque nos hemos acostumbrado a la información instantánea y de impacto, pero también es crucial resaltar cuando no se cuentan con todas las perspectivas que otorgan el conocimiento real. Lo ha hecho Televisión Española en su despliegue informativo. TVE mantiene la mejor red de corresponsalías del país, que recuerda la relevancia de una televisión pública. 

Pero estamos inmersos en una televisión lowcost que se ha acomodado en lo espumoso del debate en el que hay opinión de todo (aunque no existan certezas) más que el relato de la complejidad. De eso también ha intentado aprovecharse en un principio Putin, creyendo manejar los tiempos de la propaganda e intentando sembrar el miedo por entregas, como una serie con delirios imperialistas. De hecho, Putin, que no calculó nada bien la movilización de la gente de la calle en Ucrania, es el primero que ha actuado fuera de la realidad. Pero los medios de comunicación deben combatirlo narrándolo sin que parezca una serie. Sin fanfarrias, sin bandas sonoras, sin transiciones épicas: con la verdad del sonido ambiente. La guerra no hay que transformarla en un videojuego en la era del infoentretenimiento. No necesita noticias revestidas de emocionales efectos visuales y sonoros. Hay que sacar la información de las trincheras de la vieja narrativa con lenguaje heroico que, al final, cría villanos mitificados. Hay que enfocar el orden mundial con la perspectiva divulgativa que da protagonismo a las víctimas que son personas. Y no personajes. 

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