El giro de guion del reality de Telecinco

Toñi Moreno, Carlos Sobera y Sandra Barneda en 'Secret Strory'.
Toñi Moreno, Carlos Sobera y Sandra Barneda en 'Secret Strory'.
Nuria Taboada | Mediaset

El espectador de reality show suele tener la memoria corta. Hay concursantes de la tele-realidad que se presentan como lo nunca visto en este género cuando ya participaron, tiempo atrás, en varios concursos del mismo género. Para sostener su factoría de reality shows rompe-audiencias, Telecinco hasta ahora ha jugado con esa repetición. Y no pasaba nada. La fábrica seguía funcionando a buen rendimiento, rellenando a coste muy competitivo varios prime time con el mismo contenido y esparciendo al resto de programación de dimes y diretes que se retroalimentan entre sí.

Pero ha llegado un momento en el que la fórmula empieza a dar síntomas de agotamiento porque se acaban las 'celebrities' potenciales que no tienen dilemas morales para acudir a un reality de conflicto. La cadena necesita personajes nuevos. El problema: en el propio Mediaset, se ha interiorizado que los realities con anónimos en directo no funcionan como antaño porque el espectador ya no tiene paciencia a la hora de conocer a nuevos concursantes que entran en la casa y, por tanto, necesitan margen para romper el hielo. Y que pasen situaciones interesantes. Así ya sólo parecía que podían entrar a los realities Isas Pantojas, Kikos Riveras, Adaras, Sofías Suescuns o Maestros Joao. Un bucle de mismos personajes resultones con historias prefabricadas que ya empiezan a sumar años.

De ahí que se llevan años optando por versiones de realities con famosos de la cadena. De esta manera, el programa empieza ya en alto, con tramas de conflicto abiertas, que se han ido dibujando durante semanas previas en espacios como Sálvame o Socialité. El primer minuto de esta tele-realidad no necesita presentaciones, directamente el presentador empieza con personajes que vienen con una historia previa. Personajes más populares que se entremezclan con otros más de nicho de Mujeres y hombres y viceversa o, en los dos últimos años, de La isla de las tentaciones que recuerda que es falso el mito que planeaba por las cadenas de que la tele-realidad ya no funcionaba con anónimos. Eso es.. mentira, que diría el polígrafo. Lo que pasa es que una cosa es un programa grabado y editado -en el que se eligen los mejores instantes- y otra bien diferente un programa que debe fluir con la espontaneidad del directo.

"No sólo basta un desamor tóxico, en la tele-realidad destacan personajes curtidos en vivencias"

Las nuevas celebridades que salen del programa de los infieles en general no tienen demasiado recorrido para dar juego a otros formatos como Sálvame o El programa de AR. No sólo basta un desamor tóxico, en la tele destacan personajes curtidos en vivencias. Sus experiencias vitales les permiten comunicar aportando argumentos espontáneos en largas horas de directo.

Como consecuencia, Telecinco necesita refrescar una nueva cantera de famosos que sean más identificables para la audiencia y, para ello, vuelve a abrir esta noche de jueves la casa de Gran Hermano a los anónimos. Aunque ahora el programa se llame Secret Story. Un intento para recuperar esa verdad perdida en este género televisivo y, al mismo tiempo, para descubrir nuevas "estrellas". Si se realiza bien el equilibrio de caracteres del casting, en la convivencia de este particular confinamiento entre cámaras se podrá dilucidar quién tiene cualidades como comunicador y quién sólo se queda en una trama puntual. Porque vivir en la casa de Guadalix supone incluso hablar muchas veces solo. Y así es como se ve si tienes magnetismo ante la masa o sólo eres parte del decorado. Telecinco necesita nuevos personajes, otra historia es si un encierro en una casa con techos bajos es lo que atraiga a públicos masivos tras una pandemia y un confinamiento. 

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