Los trapos sucios de Netanyahu

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
ABIR SULTAN / EFE

Para todo hay excepciones. Siempre hemos escuchado que los trapos sucios se lavan en casa. Benjamín Netanyahu, primer ministro recalcitrante de Israel, no comparte esta buena costumbre: toda su ropa sucia, lo mismo que la de su mujer, prefiere meterla en maletas y bolsas y llevársela en sus viajes oficiales para que en las residencias oficiales que le asignen los gobiernos se la laven, planchen y desinfecten.

Los primeros sorprendidos, seguramente porque son quienes tienen que redoblar horas para tenérsela a punto, son los empleados de la lavandería de la Casa Blanca. Netanyahu, además de ser el visitante más frecuente, es quien más aprovecha sus servicios. Algún empleado, harto de lavar calzoncillos y bragas de los huéspedes del presidente Trump, se ha chivado a un periodista de The Washington Post.

Fue bajo promesa de secreto y el periódico lo publicó en un reportaje con todo tipo de detalles, excluido, claro, el nombre del confidente que tanto arriesgó su puesto de trabajo. El relato no debió sentar bien en el Gobierno israelí, bastante harto, por cierto, de las trampitas de su jefe y las impertinencias de su consorte, porque la embajada difundió una nota negando a medias la noticia.

Para demostrar que el periódico exageraba, recordó que en el último viaje, muy reciente, por cierto, apenas había dejado unos pantalones y dos camisas para lavar y planchar. No decía nada de ocasiones anteriores. El confidente del Post aclaró que, efectivamente, por primera vez había entregado a la lavandería lo mínimo. Las habituales maletas y bolsas de ropa sucia de varias semanas debió dejárselas olvidadas.

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