Nadie entiende nada

Pedro Sánchez, en el Congreso.
Pedro Sánchez, en el Congreso.
BALLESTEROS / EFE

La noticia del pacto con Bildu para derogar de forma inmediata la Ley de Reforma Laboral nos ha dejado hablando solos a todos: nadie entiende nada, ni por qué ahora, ni cómo en plena pandemia, ni por qué con Bildu -un partido con la peor imagen de todo el arco parlamentario-, por qué no se abordó en las comisiones con empresarios y sindicatos y, sobre todo, por qué se adopta con nocturnidad y alevosía en el momento en que los empresarios son más imprescindibles que nunca para la recuperación económica, la creación de empleo y para la reconstrucción del país cuando acabe de salir de la pandemia.

Alguien se preguntaba esta mañana qué estarán pensando los familiares de las víctimas de ETA. Bildu es un partido de insignificante peso político, legalizado por los pelos, con parte de sus miembros manchados con la sangre del terrorismo y una buena parte de otros miembros en prisión. Hasta ahora en las Cortes era tratado con respeto, pero con todas las prevenciones. Sus ideas son independentistas y no se les ha escuchado ninguna crítica clara al drama nacional que causaron años atrás sus predecesores. Está bien que haya habido olvido, pero no tanto. Tampoco eran necesarios para formar una mayoría.

"¿Habrá podido dormir tranquilo anoche Pedro Sánchez?"

La reforma laboral puede necesitar algunos retoques, actualizarla en determinados capítulos, pero aprovechar el apoyo de Bildu para derogarla es un disparate. Seguramente estarán felices los ministros de Podemos, quienes han llevado el peso del error, pero como ha manifestado hoy mismo la ministra de Economía, Nadia Calviño, no cuenta con el apoyo del grueso del Gobierno. No hay explicación para una decisión de esta naturaleza. Para empezar, se han roto las relaciones tan importantes en las actuales circunstancias con la CEOE, cuya actitud dialogante durante la crisis ha sido impecable y a buen seguro que habrá crispado aún más a los partidos de la oposición.

¿Es esta decisión parte de los trabajos de la recién creada Comisión de Reconstrucción? Pues bien se empieza con los empresarios desanimados y desdeñados a la hora de negociar una ley muy importante para el colectivo. Y en buena medida también afecta a los sindicatos, con quienes no se consultó en busca de un consenso tan necesario para una decisión de esta naturaleza. Y no es todo: es una decisión política que se adopta en vísperas de unas elecciones en Euskadi en las que previsiblemente se favorecerá a Bildu y su secesionismo y probablemente se perjudicará al PNV, el partido tradicionalmente aliado del PSOE y el que en esta etapa más le está sacando de apuros en el Hemiciclo.

Hasta aquí las impresiones e interrogantes. Falta la última: ¿Cuál va a ser su repercusión política? ¿Habrá podido dormir tranquilo anoche Pedro Sánchez? ¿Cuál es el futuro que espera a la coalición PSOE-UP, que desde que se estrenó no cesó de protagonizar un conflicto diario? ¿Cuánto tiempo podrá resistir un Gobierno tan caótico?

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