La mujer y la pandemia

Manifestación por el 8M en Barcelona.
Manifestación por el 8M en Barcelona.
Hugo Fernández

La pandemia, que destroza cuanto se cruza en sus desastres, eclipsó este año la brillantez habitual del Día de la Mujer, pero no consiguió impedir que su objetivo, el reconocimiento de una vez por todas de la igualdad, triunfase tanto en España como en los países socialmente más avanzados del mundo. Cuando ya se están diluyendo los últimos ecos de las manifestaciones desde los balcones que sirvieron de altavoces potentes, bien puede decirse que triunfó el empeño de quienes defienden que los argumentos de la reivindicación femenina no caigan al vacío.

La lucha sigue, aunque en esta ocasión de manera más silenciosa y reflexiva que en años anteriores, y compensa observar que una vez más las mujeres españolas han hecho una verdadera exhibición de deseos de pelear, y lo que es igualmente ejemplar es que lo han hecho con responsabilidad. La inmensa mayor parte renunciaron a poder expresar, como les gustaría, sus ideas y sus protestas legítimas conscientes del riesgo que suponía para la salud pública salir tumultuosamente a la calle a celebrar su día, su fiesta. Y quienes salieron a las calles lo hicieron llevando mascarillas y respetando las distancias.

"Todos tenemos en nuestras manos acelerar el logro de la igualdad"

Nunca es fácil renunciar a algo que se considera justo y deseable. La prohibición se comprende que haya despertado frustración y polémica entre muchas mujeres y posiblemente bastantes hombres. Son dos sensaciones que la pandemia nos está entristeciendo a todos. Reivindicar y divertirse no siempre van juntas, pero la pandemia los ha unido privando de sueños puestos en los Sanfermines, las Fallas, los carnavales y tantas otras fiestas y acontecimientos que han tenido que ser suspendidos. Esperemos que sea la última vez.

El Día de la Mujer también será recuperable. Lo importante es que su significado y sus propósitos continúan vivos. Todos tenemos en nuestras manos acelerar el logro de la igualdad y es fundamental que esa convicción no se eclipse ni se abandone. Algo se ha avanzado, pero todavía falta mucho camino que recorrer. Las mujeres ayer dieron el ejemplo de saber estar a tono con las exigencias del momento y a los hombres nos queda el recuerdo de un 8 de marzo en que la mujer supo estar en su sitio: demandando lo que es justo.

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