La otra cara del Mediterráneo

El barco de rescate 'Mare Ionio' de la ONG Mediterranea Saving Humans.
El barco de rescate 'Mare Ionio' de la ONG Mediterranea Saving Humans.
EP

Mitificamos con mucha frecuencia el Mediterráneo que baña nuestras costas e ilumina con rayos del sol las aguas más cálidas y algunos de los paisajes más atractivos que existen y siempre nos invitan a visitar. Allí tenemos, al alcance de la vista, playas maravillosas, monumentos históricos inolvidables, islas de ensueño y, en los alrededores, gastronomía tentadora.

Pero, mientras disfrutamos de tantos atractivos y nos enorgullecemos de brindarlos a los visitantes, en la ribera norte nos olvidamos de que a unos cuantos kilómetros hacia el sur –tan pocos que algunos puntos se pueden visitar nadando– nuestros vecinos lo pasan mal, agobiados a menudo por la pobreza, y siendo víctimas de la violencia y la inestabilidad política.

Mientras en España, Francia, Italia, Malta, Chipre, Albania o Grecia reina felizmente la paz y la concordia, en Marruecos y el Sáhara sufren la inquietud de medio siglo de guerra irresoluble. Entre Marruecos y Argelia imperan las hostilidades. En Argelia la tensión mantiene al movimiento Hirak empañando la normalidad en las calles y, al lado, en Túnez viven la angustia de las amenazas contra la democracia.

Entre tanto, en Libia se matan a tiros en la disputa de dos bandos que ambicionan el poder; en Egipto sienten cada vez más el ahogo de la dictadura que creían superada; en Turquía la represión vuelve a sus tiempos malos, y en Siria –que no está en el sur, pero si concomita geográfica y culturalmente– llevan cerca de diez años de guerra civil, sin perspectivas de recuperar la paz y con un saldo espeluznante –que contemplamos desde la cercanía sin inmutarnos– de medio millón de muertos

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