Israel y Palestina, vuelta a empezar

Un palestino hace el signo de la victoria frente a su casa, destruida por un bombardeo israelí, en Gaza.
Un palestino hace el signo de la victoria frente a su casa, destruida por un bombardeo israelí, en Gaza.
MOHAMMED SABER / EFE

Israel y Palestina, mejor se diría Israel y las milicias de Hamás en la Franja de Gaza, han vuelto a las andadas. Ya está asumido que en el Próximo Oriente la paz es imposible. Aunque la experiencia de enfrentamientos de la misma naturaleza debería estar clara, de vez en cuando vuelven a empezar. Siempre con el mismo resultado: centenares de víctimas, en buena parte inocentes, que se suman al balance trágico de una guerra para la que la sensatez no encuentra solución.

En el fondo del conflicto están los deseos del pueblo palestino de conseguir su independencia -algo cuyo derecho casi todo el mundo les reconoce– y, enfrente, el derecho legítimo de Israel a defenderse. En situaciones como las actuales, son muchos los que se preguntan las razones que puedan impulsar a los combatientes de Hamás a lanzar ataques con misiles sobre el territorio israelí sabiendo que ni van a conseguir sus objetivos –porque el escudo antimisiles hebreo es preciso- y la respuesta militar no se hará esperar.

Muchas veces se analizan estos incidentes solo desde el drama de las víctimas -que no es poco– y desde la globalidad del enfrentamiento en la lucha por el territorio entre las dos colectividades, cada una con sus componentes culturales y religiosos detrás. Pero en el fondo hay más argumentos. Sobre esto hay que recordar la división, no solo geográfica, de Palestina -Cisjordania y Gaza-, con muchos kilómetros de separación y mayores diferencias aún en sus posiciones políticas.

Los cohetes que lanzan contra Israel son un incomprensible desafío suicida a un poder militar muy superior.

Mientras el Gobierno de Ramallah y su presidente, Mahmud Abás, mantienen esfuerzos por evitar los enfrentamientos en la espera de una solución negociada del conflicto, en cambio en Gaza son los activistas de Hamás, una organización terrorista protegida por Irán, quienes recurren a la violencia como estrategia de lucha. Los cohetes que lanzan contra Israel son un incomprensible desafío suicida a un poder militar muy superior. Son de procedencia iraní, país que está detrás de esta provocación.

Los ayatolás que gobiernan en Teherán mezclan su fanatismo chiita con la ambición de lograr convertir a su país en la primera potencia de la Zona. Israel y Arabia Saudita son los dos enemigos que le disputan esta supremacía y para lograrla fundan sus esperanzas en conseguir la bomba atómica, pretensión que Estados Unidos y Europa les niega e Israel consigue ir frustrando con ataques a las instalaciones donde se intenta enriquecer el uranio.

El establecimiento de relaciones entre Israel y algunos países árabes, alineados con el régimen saudita, amenaza aún más el aislamiento de Irán.

El establecimiento de relaciones entre Israel y algunos países árabes, como los Emiratos Árabes Unidos, alineados con el régimen saudita, amenaza aún más el aislamiento de Irán, que apenas cuenta con Qatar como aliado aparte de sus tentáculos en el Yemen, donde son parte de la guerra civil, Irak y Gaza, su punta de lanza en el empeño por amenazar a Israel y mantener vivo el odio hacia la cultura occidental.

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