Irresponsabilidad e indecencia

Algunos de los políticos que se han vacunado saltanose el protocolo.
Algunos de los políticos que se han vacunado saltanose el protocolo.
20minutos

A las personas se las conoce en las ocasiones. La pandemia que estamos viviendo, con todos los ciudadanos en peligro, está descubriendo a dos grupos: los irresponsables, de los que tantas veces hemos hablado y que continúan montando fiestas, botellones y comidas multitudinarias y, en los últimos días -desde que se empezó a administrar la vacuna-, los indecentes, desaprensivos y en definitiva delincuentes contra la salud ajena, los que aprovechándose de sus cargos públicos roban las dosis a los que siguiendo el orden establecido les correspondían, como ancianos o sanitarios.

En la lista deplorable que se va conociendo, y a la que seguramente se irán sumando otros, predominan -para más inri- cargos públicos a los que accedieron para representar y proteger a los demás. ¿Cabe mayor desvergüenza como la que están demostrando los políticos que lo han hecho con la impunidad de sus cargos y sin la más mínima justificación para hacerlo? Somos muchas las personas, algunas consideradas de alto riesgo, que quisieran vacunarse y tienen que esperar asumiendo entre tanto el contagio simplemente porque otros desaprensivos les condenaron con tal de salvarse ellos.

Que cuando disfruten la tranquilidad por estar inmunizados contra el virus, su conciencia les pase la factura

¡Vaya ejemplo de solidaridad humana, de cumplimiento del compromiso público y de desfachatez que nos muestran! Algunos han dimitido o han sido destituidos, pero en muchos de los casos eso no debería ser suficiente. Hacer algo así, además de ser condenados a la deshonra, quizás deberían ser penados con multas o incluso con privación de libertad para que no vuelvan a pasarse de listos. Todos tenemos derecho a vivir y curarnos cuando nuestra salud requiere para conservarla, pero nunca a costa de las vidas ajenas. Las autoridades han establecido unos protocolos de vacunación razonados. No es cuestión del que más corra.

Estas actitudes desaprensivas producen indignación en los que esperan, pero sobre todo invitan a reflexionar sobre la condición humana de algunos, por fortuna los menos, aunque sí los suficientes para que nuestra confianza en los demás no mejore ni con la educación, ni con el dinero, ni con la libertad. Es una conclusión que despierta tristeza. Queda el pequeño consuelo de que los políticos cazados in fraganti no vuelven a pedirnos el voto. Y lo mismo a todos los que se han aprovechado de otras artimañas, que cuando disfruten la tranquilidad por estar inmunizados contra el virus, su conciencia les pase la factura .

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