Diana en la memoria

La princesa Diana de Gales, durante una visita a Ottawa, Canada.
La princesa Diana de Gales, durante una visita a Ottawa, Canada.
GTRES

Diana de Gales habría cumplido este jueves sesenta años. El trágico accidente de tráfico que causó su muerte en París, cuando su coche circulaba a alta velocidad perseguido por unos paparazzis ávidos de grabar todos sus movimientos, nos ha dejado ya para siempre la imagen de una joven mujer de treinta y seis años que vivió un cuento de hadas sin un final feliz.

Cuando Carlos y Diana anunciaron su compromiso, desde la Reina al último de sus súbditos coincidieron en que la más joven de los Spencer, una familia noble que siempre había ocupado cargos en la corte, era la elección más adecuada. Joven, solo diecinueve años, sin un pasado sentimental, tímida, callada y sonriente daba el perfil perfecto para todos... menos para su prometido, el Príncipe Carlos, que había entregado su corazón años atrás a Camila Parker Bowles.

Fue una de las bodas del siglo. Ella se casó enamorada y él porque ya tocaba, empujado por el sentido del deber. Compartieron diez años de un turbulento matrimonio. Mientras su vida personal se desmoronaba, su figura pública crecía y eclipsaba a la de cualquier otro miembro de la Familia Real incluido, por supuesto, su marido, que aparecía como un segundón en su presencia.

Lady Di, como pasó a ser conocida por su legión de admiradores, se transformó en una mujer elegante, sofisticada, un auténtico icono. Era imitada y admirada. Su personalidad se afianzó. Siempre cercana y afectuosa no dudo en involucrarse activamente en la lucha contra las minas antipersonas y abanderó con valentía la causa del sida.

Sus hijos Guillermo y Enrique han querido ahora rendir un homenaje a su memoria. Una escultura de Ian Rank- Broadly preside ya su rincón favorito en los Jardines de Kensington y ayudará a mantener más vivo su recuerdo.

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