Contando sardinas

Italia.- 'Sardinas' de toda Italia se manifiestan en Roma en una gran movilizaci
 'Sardinas' de toda Italia se manifiestan en Roma.
VINCENZO LIVIERI 

Se hacen llamar las sardinas y creo que no hay que perderles la pista. El nombre surgió porque la primera vez que se congregaron pensaron que iban a ser cuatro gatos y acabaron siendo miles, apretujados en una plaza de Bolonia, en Italia, plantándole cara a la extrema derecha y gritándole a Salvini que en su nombre no.

Fueron tantos en aquella primera convocatoria improvisada que acabaron sintiéndose, efectivamente, como sardinas en lata. Y así empezaron, como un movimiento social sin organizar. Simplemente se reunían para protestar por los continuos mensajes xenófobos que algunos políticos repetían una y otra vez, hartos de escuchar mensajes en su nombre sobre un concepto de sociedad que no comparten y que querían demostrar que mucho menos representa a la mayoría de italianos. Un movimiento liderado por jóvenes que estaban cansados de políticos que simplifican los problemas creando enemigos ficticios.

Tras aquella primera convocatoria de Bolonia vinieron otras más y esas sardinas se han ido extendiendo por el resto de Europa, encontrando a semejantes como ellos, también hartos de esa política simplista, xenófoba, que combate los problemas con nacionalismos rancios, y que da igual el idioma en el que se diga porque el mensaje es el mismo: todo el que no es como yo es mi enemigo. Las sardinas se movilizaron este fin de semana en toda Italia, en Roma fueron miles, concentraciones que se repitieron por toda Europa, también en Madrid. Y estoy convencida de que, al paso que vamos, esto acabará siendo un nuevo movimiento juvenil como el que ha liderado el de la emergencia climática.

Porque los jóvenes empiezan a estar cansados y hartos de pagar la factura de los abusos, incompetencias e irregularidades de una generación que está más preocupada de su propio rédito político y social que de verdad trabajar y generar una sociedad más justa, equitativa y de progreso.

En Reino Unido, la brecha generacional que se ha abierto tras las elecciones del jueves es dramática. Hasta los 44 años se ha votado mayoritariamente la opción de quedarse en Europa, es decir, laborismo, o al menos replantear los acuerdos de salida; y los mayores de 45 en adelante, de forma abrumadora, han votado a Johnson y a su 'brexit' duro. Cómo se van a reconciliar esas dos generaciones se me antoja todo un desafío político. Porque olvidarse de ellos y gobernar dándoles la espalda puede ser la peor de las recetas.

Así que prestemos más atención a ese movimiento de las sardinas si no queremos acabar teniendo una guerra generacional, unos jóvenes cansados de pagar el pato de políticas erráticas y de falta de ambición de adultos asentados en el cortoplacismo y en el tacticismo político.

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