Campo, la mejor escuela sin virus

Primer día de escuela en un aula de primaria.
Primer día de escuela en un aula de primaria.
MORELL / EFE

Difícil, muy difícil, lo tienen este curso los centros educativos para mantenerse aislados de la Covid-19. Aulas pequeñas, mal ventiladas, masificadas, con patios para el recreo mínimos, hormigonados, con diminutos comedores, reducidos espacios deportivos, pasillos estrechos y unos estrictos horarios más propios de cuarteles en tiempos de guerra. 

Habría que poner en busca y captura a sus arquitectos, aunque son más culpables los políticos que promovieron tan irracional modelo educativo. La pandemia ha evidenciado nuestras desnudeces, pero seguramente ya es tarde para remediar tanto disparate. Y sin embargo no sería difícil evitar contagios aprendiendo más y mejor. La respuesta está en el campo, al aire libre. ¿Y si abrimos las aulas a la naturaleza, a la calle?

No sé los tuyos, pero mis recuerdos escolares más imborrables son esas pocas excursiones que hicimos. Fue donde más aprendí, más me divertí y mejor me formé tanto en conocimientos como en valores. Me pasó como a Moncho, el protagonista del cuento de Manuel Rivas La lengua de las mariposas que José Luis Cuerda llevó al cine. Don Gregorio, el viejo maestro republicano, le enseñó más paseando juntos por el campo que tratando de que memorizara interminables e inútiles listas de los reyes godos. ¿Qué demonios hacen nuestros hijos encerrados en aulas en estos terribles tiempos de pandemia en lugar de dando las clases en un parque?

Como señaló la famosa educadora Maria Montessori, “la naturaleza nos brinda conocimientos que ningún libro y ningún museo podrán darnos nunca”. Estudiar al aire libre mejora la atención, reduce el estrés, facilita el aprendizaje, potencia el compañerismo… y aleja a los virus malvados de nuestros hijos.

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