Tanta Europa
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El virus y la guerra de los mundos

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
De izquierda a derecha, el primer ministro holandés, Mark Rutte; el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki; la canciller alemana, Angela Merkel; y el presidente francés, Emmanuel Macron, en Bruselas.
De izquierda a derecha, el primer ministro holandés, Mark Rutte; el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki; la canciller alemana, Angela Merkel; y el presidente francés, Emmanuel Macron, en Bruselas.
OLIVIER HOSLET / EFE

La ciencia ficción lo imaginó de otra manera. En el primer relato de la historia sobre una invasión alienígena, el género humano se enfrentaba unido a los marcianos. Herbert George Wells, autor de La guerra de los mundos, no imaginó peleas políticas mientras combatían a los extraterrestres. Tampoco lo contempló la adaptación radiofónica de Orson Welles en 1938, a pesar del ambiente prebélico de la inminente Guerra Mundial. Ningún relato de ficción encontró lógica alguna en que las potencias batallaran entre sí con tan peligroso enemigo común, porque habría supuesto que los marcianos vieran a los terrícolas como rematadamente estúpidos.

El enemigo de ahora no viene de otro planeta. Se generó aquí en la Tierra, pero sus devastadores efectos tampoco advierten ideologías ni fronteras. En su deriva económica resulta indignante el conflicto abierto en el seno de la Unión Europea y, en particular, la intransigencia del primer ministro de Holanda, Mark Rutte, contra cualquier tipo de mutualización de deuda y los llamados coronabonos. Su exhibición de insolidaridad, que ahora trata de enmendar, desató la indignación hasta de sus propios socios de gobierno, quienes le acusaron de “jugar con fuego”, ya que si Italia y España caen, dijeron, caería la Eurozona y la UE. Cuando el primer ministro portugués calificó su postura de “repugnante” se quedó corto.

Aquí en nuestro país tampoco los políticos dan muestras de comprender la magnitud del problema, la generosidad que exige y lo inútil y dañino que resulta cavar trincheras en lugar de remangarse y ayudar cuanto se pueda.

"Tampoco los políticos dan muestras de comprender lo inútil y dañino que resulta cavar trincheras"

El primer responsable de la soledad que transmite el Gobierno en el manejo de esta crisis es el propio jefe del Ejecutivo, que no ha puesto el menor empeño en buscar complicidades ni en los partidos de la oposición ni en los agentes sociales. 

Entiendo que la situación que le ha tocado gestionar presenta magnitudes y complejidades hasta ahora insólitas, que ha habido que improvisar sobre la marcha, con el riesgo que conlleva de incurrir en errores, y que las circunstancias no permiten demasiadas sutilezas, pero todo resulta más fácil, efectivo y creíble si se actúa juntando voluntades.

Algo que tampoco parecen entender la oposición y los propios socios de investidura, cuyas lealtades inicialmente manifestadas se disiparon enseguida dando paso al 'yo lo haría mejor' con un aluvión de reproches que, acertados o no, ni consuelan ni contribuyen a mejorar la gestión de la pandemia.

No puedo imaginar una situación más propicia para que la política se reivindique a sí misma y sea útil de verdad a la ciudadanía. No recuerdo, ni siquiera en la crisis del 2008 o en los grandes atentados terroristas que sufrimos, una circunstancia en la que sea más necesario y exigible el entendimiento político. Los muertos se cuentan por miles, los hospitalizados colapsan el sistema sanitario, la gente está asustada y confinada en sus casas y la economía hibernada. Si con semejante escenario los grandes partidos tampoco son capaces de alcanzar un pacto de Estado para afrontar unidos la pandemia y la consiguiente reconstrucción económica del país, España nunca se lo perdonará. Y hasta en Marte pensarán que, además de egoístas, son estúpidos.

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