Vacunación en ridículo

Carmelo Encinas Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Basta con echar un vistazo a las cifras que facilitaron el fin de semana Madrid y Cataluña (el resto no dio datos) para darse cuenta: esas Comunidades solo han administrado el 6% y el 13%, respectivamente, de las dosis semanales que reciben de la vacuna de BioNTech y Pfizer contra la Covid.
Una enfermera administra la vacuna de la Covid a una anciana.
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Una semana antes de que llegaran los primeros lotes de vacunas contra la Covid, el ministro de Transporte, José Luis Ábalos, calificaba a España como "un país puntero" en cuestiones logísticas y con experiencia contrastada. Fundamentaba su afirmación en el éxito con que las comunidades autónomas habían acometido, un par de meses atrás, la campaña de la gripe. 

Entonces, se trataba de vacunar cuanto antes al 75 por ciento de los mayores de 65 años con el objetivo de evitar un solapamiento de la carga sanitaria de la Covid con la que pudiera traer, como cada invierno, la gripe. La campaña, en efecto, fue un éxito. En apenas mes y medio fueron vacunados, sin mayor aspaviento, 14 millones de ciudadanos, mas de un 30 por ciento de la población. Ni el señor Ábalos ni nadie pudo entender cómo una semana después de iniciarse el proceso de vacunación contra la Covid apenas se hubieran inoculado un 12 por ciento de las dosis recibidas.

De todas las explicaciones, la más hiriente es la de la coincidencia con los días festivos y "las vacaciones del personal"

El ministro de Sanidad, en un alarde de bonhomía, señalaba que todas las comunidades hacían un gran esfuerzo para la administración de la vacuna y mostraba su reconocimiento al sistema público de salud. En su afán por mantener una buena relación con los responsables autonómicos, las palabras de Salvador Illa difícilmente enmascaraban el retrato que los primeros días de campaña hicieron de la capacidad de gestión de cada comunidad autónoma. Con un reparto de vacunas proporcional a su población, solo Asturias, Canarias y, en menor medida, Galicia habían logrado estar a la altura exigible dadas las circunstancias, mientras que la mayoría –especialmente Cataluña, Madrid y Extremadura– quedaban en absoluta evidencia. 

En el caso de Madrid, se daba la circunstancia de que su Gobierno se quejaba machaconamente de las pocas dosis recibidas, cuando de las que le llegaron solo habían sido capaces de inocular un ridículo 6 por ciento, apenas 3.000 pinchazos en siete días. De todas las explicaciones que escuchamos a los distintos responsables sanitarios para justificar este retraso, la más hiriente es la de la coincidencia con los días festivos y "las vacaciones del personal". Hablamos de un proceso de vacunación en cuya eficiencia y celeridad nos jugamos la vida de muchas personas, y el problema eran las vacaciones.

Cómo es posible que no se dispusieran los medios necesarios para que no se pierda ni un solo segundo

Cada día sigue muriendo gente y cuanto antes se proteja a los más vulnerables y antes se alcance la inmunidad de rebaño, menos compatriotas perderán la vida y también antes podremos recobrar el pulso de la economía. Si nos jugamos tanto en la eficacia de este proceso, cómo es posible que no se dispusieran desde el minuto uno los medios necesarios para que no se pierda ni un solo segundo. 

Es obvio que unas comunidades se prepararon mejor, reforzando sus equipos de enfermería, como las mencionadas Asturias y Canarias, que no dejaron de vacunar ni en sábado ni en festivo, mientras que otras no tenían sanitarios para ponerlas. Otra vez la falta de previsión y de planificación cuando hubo meses para prepararlo y se esperaban las vacunas como agua de mayo. 

Todos los recursos sanitarios, incluidos los públicos, los privados y la sanidad militar han de ponerse en juego

El ministro Illa dijo que esta semana se iría alcanzando "la velocidad de crucero" y parece que quienes dormitaban van reaccionado ante el aluvión de criticas que les cayó en vísperas de Reyes.

Ahora no interrumpen la vacunación en sábados y domingos, y ya por fin entienden que todos los recursos sanitarios, incluidos los públicos, los privados y la sanidad militar han de ponerse en juego para acelerar al máximo el proceso de vacunación. Ya bastante ridículo han hecho.

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