Temibles rebrotes

Carmelo Encinas  Director de Opinión de '20minutos'
Diverses persones demanen consumicions en una terrassa en el Mercat de Colón durant la fase 2 de la desescalada en la pandèmia de coronavirus COVID19. A València, Espanya, a 3 de juny de 2020.
Una terraza de Valencia durante la desescalada.
Ivan Terron / Europa Press

A la caída del sol, las canchas de baloncesto se ponen a reventar. Se trata de instalaciones municipales de libre acceso sin vigilancia alguna. No son partidos de cinco contra cinco, allí juegan en masa y se disputan la pelota como si no hubiera mañana. Nada de guantes ni mascarillas y los jugadores tampoco son críos, más bien parecen pachanguitas a la salida del trabajo. Esto mismo ocurre en las zonas deportivas de los parques donde en un mismo campo se cruzan, a la vez, hasta media docena de grupos o incluso más.

No puedo imaginar una desescalada más rotunda que la de esta práctica a tumba abierta de deportes de contacto sin protección. Puede que mis temores sean exagerados, pero no le encuentro sentido alguno a hacer la vista gorda a estas actividades lúdicas mientras los centros de trabajo se someten a exigencias severas.

Hay una tendencia al relajo en la responsabilidad individual que va mucho mas allá de lo que disponen los cambios de fase. Se ha instalado en el imaginario público la idea de que la Covid-19 está de retirada y que el riesgo de contagio es prácticamente inexistente. La caída en picado de los contagios y, sobre todo, el descenso de los ingresos en UCI y la cifra de fallecidos contribuyen a trasmitir una imagen de "prueba superada" que está muy lejos de responder a la realidad.

Hay una tendencia al relajo en la responsabilidad individual que va mas allá de lo que disponen los cambios de fase

Lo cierto es que el virus, aunque por lo que cuentan los médicos algo atemperado en su capacidad de contagio, está más extendido que nunca tanto en España como en el resto del mundo. Ocho millones de personas han sido alcanzadas por la pandemia y a casi medio millón le costó la vida. Hay países como Chile o Brasil que se hallan hoy en un situación similar a la sufrida en España en las semanas trágicas de finales de marzo y principios de abril.

Este domingo habrá vencido el estado de alarma y entraremos en esa ‘nueva normalidad’ que pretende devolvernos nuestras vidas sin perder de vista al virus. Rebrotes como el que se produjo en el hospital de Basurto o el de esta semana en Valladolid alertan de que los riesgos de contagio siguen latentes.

Nada en cualquier caso tan alarmante como el repunte que se ha producido en Pekín donde su principal mercado mayorista fue el epicentro de una propagación explosiva que ha obligado a levantar muros y cerrar colegios. El Gobierno chino ha movilizado a 100.000 rastreadores para registrar más de 7.000 comunidades en el intento de acotar la acción del virus, que parece más contagioso e infeccioso que el de Wuhan.

Lo cierto es que el virus, aunque algo atemperado en su capacidad de contagio, está más extendido que nunca

Esto ocurre en China, origen de la pandemia y donde habían dado prácticamente por resuelta la crisis. Lo mismo aconteció días atrás en Corea del Sur y ahora en un matadero de Renania del norte, en Alemania, con cientos de infectados, dos países a los que se atribuyó un proceder ejemplar frente a la Covid-19.

En España, el mayor temor al rebrote lo sitúan los expertos en otoño, aunque nadie está en condiciones de descartar un susto en pleno verano. Es verdad que el próximo golpe no nos pillaría desprevenidos, que ahora sabemos más del virus y que además de la dexametasona, cuya eficacia ha quedado probada en pacientes graves, hay otros tratamientos en ciernes muy esperanzadores. Pero lo inteligente, solidario y responsable es no confiarse. Evitando la ocasión se evita el peligro.

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