Policías y políticos

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Miles de policías protestan contra la reforma de la 'ley mordaza': "Está en peligro el respeto a los derechos de todos"
Miles de policías protestan contra la reforma de la 'ley mordaza': "Está en peligro el respeto a los derechos de todos"
CARLOS LUJÁN / EP

Todas las encuestas, incluidas las del CIS, coinciden en situar a las fuerzas de seguridad con la más alta valoración de la ciudadanía. Los estudios demoscópicos coinciden igualmente en la baja consideración que los españoles tienen de los políticos en general, un aprecio que no tiene visos de mejorar, al menos a corto plazo. Con tal contraste de estimaciones, del que yo mismo participo, me cuesta entender cómo las organizaciones y plataformas de agentes convocantes de las movilizaciones contra las enmiendas a la llamada ‘ley mordaza’ consintieron que los líderes políticos buscaran la foto en la manifestación del pasado fin de semana.

Sea cual sea su reivindicación o los motivos de su protesta, ni los policías ni la Guardia Civil tienen nada que ganar dejándose acompañar en esa marcha por caras conocidas de la política española restando protagonismo a sus demandas y situándoles en un plano ajeno al suyo. Si las fuerzas de seguridad logran esa alta estima entre los ciudadanos que los sondeos reflejan es por ser percibidas como de todos los españoles y cualquier intento de patrimonializarlas por una parte del espectro político debiera ser conjurado por quienes representan a este colectivo de funcionarios públicos.

Que sus demandas sean asumidas por determinados grupos políticos es perfectamente legítimo, pero es en el Parlamento y no en la calle, tratando de obtener réditos electorales, donde han de defender lo que consideren oportuno.

Los representantes de policías y guardias civiles perdieron foco mediático en favor de los líderes de la derecha a los que hacía tiempo no se veía juntos

Aunque esta vez por separado, tanto el PP como Ciudadanos y Vox convirtieron la convocatoria del pasado sábado en una nueva edición de la manifestación de Colón en la que brilló la inquina política pura y dura opacando en gran medida los motivos de la protesta. Los representantes de policías y guardias civiles perdieron foco mediático en favor de los líderes de la derecha a los que hacía tiempo no se veía juntos, aunque deliberadamente no revueltos. Cada cual se hizo acompañar en la concentración con sus respectivos grupos de palmeros, lo que supuso que Santiago Abascal fuera allí aclamado al grito de "presidente, presidente".

Más pudor tuvieron en no eclipsar a los agentes los líderes de Ciudadanos con una discreta Inés Arrimadas que, al menos, parecía asumir que no debían ser los protagonistas de esa fiesta. Algo que quizá también entendió, pero que no evitó, Pablo Casado, quien forzó su agenda para no permitir que Isabel Díaz Ayuso se llevara todo el lucimiento. Ambos buscaron la manera de no encontrarse allí lo que, como no podía ser de otra forma, suscitó mayor atención mediática. Sus respectivos entornos trataron de convencer a los periodistas de que el desencuentro fue casual añadiendo mayor patetismo y morbo informativo a la maniobra.

Los sindicatos y organizaciones policiales entienden que la reforma les deja desprotegidos, aunque algunos admitían no haber leído al completo las enmiendas objeto de la protesta

Ninguno de estos episodios tintados de mezquindad política aportan nada a las demandas que motivan la movilización de los representantes de las fuerzas de seguridad y aún menos al prestigio del que gozan estos cuerpos entre la ciudadanía. Los sindicatos y organizaciones policiales entienden que la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana les deja desprotegidos, aunque algunos admitían no haber leído al completo las enmiendas objeto de la protesta.

Una de las reformas que más rechazo suscita es la que dicen elimina la presunción de veracidad de los agentes y que, según sus redactores, la mantiene con la única salvedad de que el relato de los hechos no sea "coherente, lógico y razonable".

Este debate merece más serenidad y rigor. Policías y guardias civiles son demasiado importantes para consentir que el politiqueo, venga de donde venga, los manipule.

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