Los pecados de la carne

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Dos vacas de diferentes especies.
Imagen de dos vacas.
Melisa Tuya

Vuelve el trajín electoral, si es que se fue. En dos semanas arranca la campaña en Castilla y León y este año irán también a las urnas los andaluces. Cada proceso electoral tiene su afán y los que vienen presentan un marcado carácter de duelo nacional entre Pedro Sánchez y Pablo Casado. Así al menos lo pretende el PP, muy interesado en llevarlo a ese terreno por sus mejores expectativas que el PSOE en las encuestas. En esta línea, desde Génova le han montado a su líder una campaña paralela a la del presidente castellanoleonés hasta el punto de que pueda parecer que es Casado y no Fernández Mañueco el candidato. La idea es que en cada uno de sus mítines Sánchez reciba lo suyo intentando de paso frenar el temido avance de Vox. Para su estrategia les vinieron al pelo las torpes declaraciones que Alberto Garzón realizó a The Guardian sobre los pecados de la carne española.

Es obvio que al ministro de Consumo le faltó destreza para expresar lo que podía ser manifiestamente interpretable y manipulable, además de escoger el tema y el lugar inadecuados. El tema porque la ganadería es competencia del ministro de Agricultura, Luis Planas, y el lugar porque cualquier declaración negativa sobre un producto español en un medio británico constituye un regalo para nuestros competidores en el mercado internacional.

Semejante torpeza le proporcionó a la derecha una munición electoral inestimable que empezó a explotar de inmediato agitando a los ganaderos y convirtiendo a Garzón en el pim pam pum de su campaña contra Pedro Sánchez, al que acusan de no cesarle. Sánchez escurre el bulto como puede alabando la calidad de la carne española pero sin cortar la cabeza de Garzón para no abrir una crisis con sus socios de coalición.

Lo que queda en el imaginario público europeo no es la apuesta del Gobierno español por una producción ganadera de mayor calidad, como quizá pretendía expresar el ministro Garzón, sino que España exporta una carne de "peor calidad". Un titular que perjudica a todos los ganaderos, los de la buena carne y los de la no tan buena. Porque diferencia sí hay entre una y otra, al igual que existe una guerra entre las grandes explotaciones y las pequeñas y medianas empresas ganaderas, que compiten en calidad, pero no en precio.

"No se debe olvidar que la UE llevó en diciembre a España ante la Justicia europea por los nitratos contaminantes de las explotaciones agrícolas y ganaderas"

Hay que recordar las manifestaciones convocadas en numerosos municipios de la España rural contra las macrogranjas por considerarlas un modelo social y medioambientalmente insostenible. Muchas de esas protestas recibieron en su día el apoyo de los grupos municipales del Partido Popular, que entendían que el Gobierno de la nación y los autonómicos eran demasiado laxos con las grandes plantas ganaderas, cuyos vertidos contaminan el aire y los acuíferos. Este mismo martes, el Ayuntamiento de Daimiel, gobernado por el PP, prohibió la instalación de macrogranjas en su municipio.

Tampoco se debe olvidar que la UE llevó en diciembre a España ante la Justicia europea por los nitratos contaminantes de las explotaciones agrícolas y ganaderas. El Ministerio de Agricultura, que ya reguló las granjas avícolas y de porcino, prepara un decreto para hacer lo propio con las de bovino limitando el número de animales. El Gobierno de Castilla-La Mancha anunció hace semanas una moratoria a la instalación de macrogranjas y el de Aragón trabaja ya en una normativa que limita el tamaño de esas plantas.

El ruido no ayuda a nuestra ganadería. Lo sensato es procurar la sostenibilidad y la excelencia del sector cárnico sin que las declaraciones indolentes, la hipocresía y la demagogia electoral lo embarren todo.

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