Los peajes, a debate

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
AP-9, autopista, peajes
AP-9, autopista, peajes
AUDASA - Archivo

A nadie le gusta pagar impuestos ni tasas y el que diga lo contrario miente o se engaña a sí mismo. Distinto es quien entiende necesaria una fiscalidad robusta que permita financiar con holgura la sanidad, la educación, las pensiones y todos aquellos servicios públicos que conforman el llamado estado del bienestar. La aceptación solidaria de las figuras impositivas atenúa, pero no suprime el natural escozor a la hora de aflojar. Anoto esta obviedad para señalar como evidente que la anunciada propuesta del Gobierno de imponer peajes a las autovías y autopistas españolas a partir del 2024 no iba a encontrar entusiasmo alguno entre la ciudadanía y que, en primera instancia, el rechazo social estaba garantizado.

El caso es que tan impopular medida lleva diez años sobrevolando el Ministerio competente sin que haya terminado de cuajar precisamente por la impopularidad que temen que desate. Pagar por el uso del asfalto no es de izquierdas ni de derechas, en Europa hay gobiernos de distintos colores que la adoptaron, y en España, sin ir más lejos, el Ejecutivo de Rajoy la barajó siendo ministros Ana Pastor e Íñigo de la Serna, que la planteó precisamente para que entrara en vigor este año. 

El ministro Ábalos dice que es solo una prepuesta para debatir y consensuar, pero un globo sonda sin matices no es la mejor forma de testar la aceptación de una fórmula que merece la pena considerar como acontece en buena parte de Europa. El objeto fundamental que justificaría el cobro de esta tasa sería la obtención de recursos entre los usuarios de las carreteras para invertirlo en el mantenimiento de las mismas.

La española, en la actualidad, es una extensa y magnífica red viaria, pero con un déficit de conservación más que preocupante. En los años duros de la crisis apenas había para tapar los baches y lo que no se gastó en su momento se termina pagando con creces al cabo del tiempo. Nuestras carreteras soportan un volumen de tráfico muy por encima de la media europea por la incidencia del turismo y la intensidad de los vehículos pesados que causa la menor capacidad del transporte ferroviario de mercancías.

Pagar por circular sería más defendible ante la opinión pública si se garantiza que lo recaudado tiene como objetivo finalista la mejora del estado de la red

Pagar por circular sería más defendible ante la opinión pública si se garantiza que lo recaudado tiene como objetivo finalista la mejora del estado de la red y, por tanto, revertirlo en favor de quienes más la usan

Otro elemento medular es el precio que se cobre y a quiénes habría que bonificar para que el peaje fuera proporcionado y no gravara a los sectores de población o profesionales que resultaran injustamente perjudicados. No es lo mismo cobrar un céntimo por kilómetro, que supondría algo más de 3 euros en un trayecto de Madrid a Valencia, que los cuatro o cinco que se ha llegado a decir. 

Al igual que ocurre en las grandes ciudades con el aparcamiento en la calle, los residentes no deben pagar lo mismo por moverse en su zona de influencia que los que van de paso. Los transportistas, viajantes de comercio y todos aquellos cuya labor requiera continuos traslados, habrían de tener una tarifa plana o algún trato diferencial que les bonifique. Nada que no esté inventado y contrastada su eficacia en países de nuestro entorno.

La propuesta del Ministerio de Transportes, si es que avanza, está por definir y para darle forma deberían ser escuchadas las organizaciones y colectivos más afectados

La propuesta del Ministerio de Transportes, si es que avanza, está por definir y para darle forma deberían ser escuchadas las organizaciones y colectivos más afectados. De momento, cuenta con el recelo de las asociaciones de consumidores y automovilistas y el apoyo entusiasta de las grandes constructoras que demandan recursos para invertir en carreteras. Si se hace bien, a veces pagar es rentable. 

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