Investidura, nada es lo que parece

Carmelo EncinasDirector de Opinión de '20minutos'
PSOE y ERC se reúnen en el Congreso
PSOE y ERC se reúnen en el Congreso
Europa Press

Si atendemos a lo que hacen y dicen los líderes de ERC, habrá que concluir que las negociaciones del PSOE con esta formación nacen muertas. Solo escrutando lo que hay detrás de sus expresiones e intenciones reales puede vislumbrarse otra perspectiva bien distinta. Esta semana hemos visto a los diputados de Esquerra Republicana encabezando en el Parlament una nueva provocación al Tribunal Constitucional con otra de sus resoluciones retóricas en favor de la autodeterminación y contra la monarquía. Horas después, en la Diputación Permanente del Congreso, el PSOE unía sus votos al PP y Ciudadanos para convalidar el decreto sobre el llamado "155 digital". Todo esto sucedía mientras resonaban las declaraciones de Gabriel Rufián jactándose de la debilidad de Pedro Sánchez que, según él, "les permitía sentarlo en una mesa de negociación".

"Hay un punto de teatralidad en la tensión que ha precedido a la negociación emprendida por PSOE y ERC"

En realidad, el portavoz de Esquerra se manifiesta en estos términos movido por la necesidad de escenificar dureza con el Ejecutivo central ante su rival en Cataluña, que no es otro que el partido de Torra y Puigdemont. Esta es su prioridad ante las próximas elecciones autonómicas y no la investidura de Sánchez. Hay un punto de teatralidad en la tensión que ha precedido a la negociación emprendida por PSOE y ERC tras el que subyace un conocimiento mutuo de cuáles son los límites de cada cual. Los republicanos saben que nunca podrán arrancar de los socialistas compromiso alguno sobre la amnistía o el derecho de autodeterminación que les demandan. Y saben que, aunque Sánchez enloqueciera, un recurso al Constitucional anularía de inmediato cualquier iniciativa en esa dirección. La sensación que transmiten los equipos negociadores es que, al margen del postureo, la abstención de ERC en la investidura de Sánchez está ya bastante más trabajada –y puede incluso que trabada– de lo que parece.

"Ni hay sinceridad en lo que dicen ni nada es como parece. Y así nos va"

Que ese acuerdo sea posible no significa que sea lo más deseable. Tras la investidura llegará el debate presupuestario, y la dependencia de una formación independentista, por mucho que se desmarque del "cuanto peor, mejor" de Junts per Catalunya y la CUP, siempre sería problemática. Para que esto no suceda hay tres hipotéticas alternativas sin ir a terceras elecciones. La primera, el llamado pacto constitucionalista entre Sánchez, Casado y Arrimadas, que propugna el manifiesto promovido por exdirigentes del PSOE y Cs. La segunda, un acuerdo entre PP y PSOE para que los socialistas gobiernen en solitario sacando del carril la coalición con UP. Y la tercera, el Gobierno bicolor de Sánchez e Iglesias con el apoyo condicionado de Cs (como hizo Manuel Valls en el Ayuntamiento de Barcelona) para desactivar la dependencia de los independentistas.

Cualquiera de estas fórmulas resultaría, sin duda, más acorde con las demandas y el sentir general de la ciudadanía que la que puede prosperar con ERC. Lo cierto, sin embargo, es que ninguno de los actores que tendrían que intervenir en ellas (y cuando digo ninguno lo digo sin excepción) se muestra dispuesto a renunciar a sus intereses partidistas en favor del interés general. Unos porque no llaman y otros porque proclaman no querer ser llamados, las alternativas expuestas resultan casi inviables. Ni hay sinceridad en lo que dicen ni nada es como parece. Y así nos va.

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