El experimento de Sol

Carmelo Encinas  Director de Opinión de '20minutos'
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Jes˙s HellÌn Jesús Hellín

La escenografía fue ciertamente ampulosa. Quienes decoraron la Casa de Correos debieron de inspirarse en la pompa de las cumbres internacionales o en la firma de tratados de paz entre países en guerra. Esa muralla de banderas nacionales y de la Comunidad de Madrid, con la que pretendieron realzar el acto, revela hasta qué punto Isabel Díaz Ayuso necesitaba un acuerdo con el Gobierno de la nación que aliviara la asfixia a la que está sometido el Ejecutivo autonómico por la dramática evolución de la pandemia en la región. A Pedro Sánchez tampoco se le vio incómodo en ese marco, más bien lo contrario. Acudir como salvador a la Puerta del Sol y poder invocar todo su mantra de la unidad en la misma sede del Gobierno autonómico que la dirección del PP se empeñó en poner como ejemplo durante el confinamiento, además de usarlo como ariete contra la Moncloa, estaba cargado de simbolismo.

El tiempo dirá hasta qué punto resulta eficaz ese nuevo espíritu de colaboración y la funcionalidad del grupo especial de trabajo "sin jerarquías" pactado entre ambas Administraciones para afrontar la situación más preocupante de toda España y casi de toda Europa. No debemos olvidar que fuera de nuestro país a quien interrogan por lo que está pasando en la capital de España y su área metropolitana es a Pedro Sánchez. En Bruselas, Berlín o París, Isabel Díaz Ayuso es prácticamente una desconocida y el que ha de dar explicaciones es el Gobierno de la nación. El Ejecutivo central sabe también que no pueden permitirse una cabalgada como la que está protagonizando el virus en Madrid porque sus consecuencias retumban en todo el Estado.

"Fuera de nuestro país a quien interrogan por lo que está pasando en la capital es a Pedro Sánchez"

Esta nueva y sorpresiva línea de entendimiento entre Sol y Moncloa constituye, además, un insólito experimento para separar la acción política de los partidos, encanallada por la creciente polarización y el enfrentamiento partidista, de la acción de Gobierno claramente necesitada de sosiego, racionalidad y ayuda mutua. Se explica así que lo ocurrido en la Casa de Correos no haya provocado el menor entusiasmo en la directiva del PP y que, a su vez, el PSOE de Madrid apoye las quejas de quienes se manifestarán el domingo contra el Ejecutivo autonómico, aunque no participen por entenderla inoportuna ante el riesgo de contagio que comporta. Es decir, ni el PP va a dejar de hacer oposición a Sánchez, por muy bien que funcionara su colaboración con Madrid, ni los socialistas madrileños van a dejar de hacer lo propio con Díaz Ayuso. En los partidos cada uno seguirá a lo suyo, como se pudo comprobar el miércoles en la irrespirable sesión de control del Congreso.

Así pues, y si el ensayo funciona, podría haber en el espacio político dos atmósferas muy diferentes: una netamente partidista donde continuaría la gresca y las agarradas a cara de perro, y otra en el terreno de la gestión buscando el pragmatismo, el entendimiento y la cooperación.

La pandemia ha trastocado todos los aspectos de nuestras vidas, desde la salud hasta la economía, pasando por el trabajo o la educación. Dijo Sánchez que estamos en medio de "una lucha epidemiológica, no ideológica", pero los partidos no parecen haberse enterado. Si el experimento de Sol prospera, igual lo entienden y dejan de cavar trincheras.

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