El ocaso de Ciudadanos

Carmelo Encinas  Director de Opinión de '20minutos'
Inés Arrimadas, durante la apertura solemne de las Cortes.
Inés Arrimadas, durante la apertura solemne de las Cortes.
JAVIER LIZÓN / EFE

Malos tiempos para Ciudadanos. Nada de lo que acontece en política favorece hoy las expectativas de la formación naranja que, a duras penas, logra asomar la cabeza en el tablero político tras la debacle que experimentó el 10-N. Gobernada desde entonces por una gestora –tras la rendición de su carismático líder, Albert Rivera–, la portavoz del Grupo en el Congreso, Inés Arrimadas, opera como presidenta in pectore representando el continuismo de una estrategia que sus críticos señalan como la causa del desastre.

Rivera se quitó de en medio con uno de los discursos más emotivos que se recuerdan, pero no hubo en sus palabras un solo gramo de autocrítica sobre la desastrosa deriva a la que condujo al partido. Ahora, Arrimadas proclama a los cuatro vientos su vocación de centro liberal mientras emite expresiones que, en el fondo, apenas difieren de las que pronuncia el Partido Popular y, a veces, en la forma, hasta de las de Vox.

Ciudadanos dejó huérfano al electorado de centro cuando Albert Rivera, tras las elecciones del 28 de abril y henchido de gloria por su cosecha de votos, quiso sorpasar al PP empeñado en ser el jefe de la oposición con ocho escaños menos que Pablo Casado.

Rivera descartó entonces la posibilidad de plantear siquiera su entrada en el Ejecutivo y convertirse en la llave de la gobernabilidad de España in eternum, porque más tarde o más temprano, hasta podría repetir la jugada coaligado también con el PP. Ese papel de bisagra y modulador a derecha e izquierda desde la posición de centro –que ejerció con éxito en ayuntamientos y comunidades autónomas– es el que le daba su razón de ser ante la ciudadanía y explicaba su hasta entonces trepidante cabalgada electoral.

Hoy las encuestas proyectan un panorama desolador para los naranjas, asidos a los restos del naufragio de noviembre. Mientras tratan de hallarse a sí mismos, se les abre una batalla interna que se vislumbra cruenta. Esta semana, el líder de la corriente crítica y vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, cargó contra Arrimadas y su propuesta de coalición con el PP en Cataluña, Galicia y el País Vasco por no haberla sometido a debate alguno.

Aunque la portavoz naranja quiere evitar la idea de una coalición de derechas con el PP, introduciendo independientes que transmitan una imagen de transversalidad, lo cierto es que los críticos y el sector socialdemocrata en Cataluña rechazan la maniobra que perciben como el preludio de la abducción de Ciudadanos por el PP.

Inés Arrimadas conserva internamente el carisma y el respeto de haber ganado unas elecciones autonómicas en Cataluña además de ser, con diferencia, la cara más reconocible de su partido, a pesar de lo cual, con solo diez escaños en el Congreso, su trascendencia pública es hoy muy limitada.

El poder real de Ciudadanos reside ahora en las baronías de Madrid, Andalucía o Castilla y León, con personajes que empiezan a transmitir cierta solvencia en la gestión como Juan Marín, Begoña Villacís o Ignacio Aguado. Este último, en una reciente comparecencia pública, hizo un discurso de centro muy combativo con la polarización. Un discurso que, de no quedarse solo en palabras, le compraría media España y que hasta podría frenar el declive de una marca hoy abocada al ocaso.

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