La deslealtad se paga

Carmelo Encinas Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Comparecencia Pablo Iglesias
Comparecencia de Pablo Iglesias.
FERNANDO VILLAR

La discrepancia y la deslealtad a veces se confunden, pero son conceptos diferentes. Hay entre ellos un abismo ético, el mismo que han cruzado algunos miembros de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición. Es verdad que, al no haber a nivel nacional tradición de Ejecutivos formados por más de un partido, pueden chirriarnos las discrepancias que expresan los líderes de PSOE y UP, lo que en otros países con acuerdos de Gobierno se considera normal. Así se esforzaron en señalarlo Sánchez e Iglesias en Palma para quitar hierro.

Los episodios a los que hemos asistido recientemente superan, sin embargo, esa lógica al protagonizar acciones externas que debilitan la posición del propio Ejecutivo al que pertenecen. El pacto extracorpóreo urdido por Pablo Iglesias con ERC y Bildu para presentar una enmienda sobre los desahucios coloca en el terreno de lo absurdo la foto del vicepresidente con Pedro Sánchez sujetando juntos el proyecto de Presupuestos.

Que PSOE y Podemos hayan tenido que negociar un arreglo sobre ese asunto porque los morados se buscan la vida como si continuaran en la oposición da idea de lo poco fiable que es el socio minoritario. Aún más grotesco resulta que una secretaria de Estado como Ione Belarra, añorando la barricada mientras pisa moqueta, se permita el lujo de insultar públicamente a la ministra de Defensa del propio Gobierno al que pertenece.

Más grotesco resulta que una secretaria de Estado se permita el lujo de insultar públicamente a la ministra de Defensa

Tampoco fueron muy leales los movimientos de presión ejercidos por el vicepresidente para truncar cualquier posible acuerdo con Ciudadanos promovido por Sánchez con objeto de ampliar el apoyo a los Presupuestos, rebajar las exigencias de otros grupos parlamentarios y garantizar su aprobación.

Gracias al giro operado por Inés Arrimadas, los socios de investidura se vieron obligados a abaratar el precio de sus apoyos a pesar del desleal empeño de Pablo Iglesias por encarecerlos. Ayer, Arrimadas anunció que Ciudadanos no los apoyará pero sus diez modestos escaños ya lograron correcciones notables a cambio de no sumarse a las enmiendas a la totalidad y mientras otros se limitaban a patalear y golpear al saco. La invocación de Arrimadas a ser útil y hacer "lo que crea mejor para España" en un país harto de la crispación le abre un espacio político reconocible que los naranjas estaban perdiendo.

En esa misma línea, podrían ir los cuatro diputados del PDeCAT que se declararon hartos de Puigdemont, lo que amplía el abanico de opciones para lograr lo que, según manifestó sin ambages Pedro Sánchez, "más le importa al Gobierno, que son las siglas PGE".

La aprobación de los Presupuestos proporcionará al presidente combustible para cubrir prácticamente toda la legislatura sin combinación posible que pueda tumbarle en una moción de censura. Ese escenario devaluará la influencia de UP cuyos ministros se muestran prescindibles, con la notable excepción de Yolanda Díaz, que exhibe una extraordinaria capacidad de trabajo y de negociación con los agentes sociales.

El 'yo también mando' de Iglesias exigiendo su inclusión en la Comisión de Control de los fondos de la UE caducará cuando el Congreso apruebe los Presupuestos. Las discrepancias son asumibles pero la deslealtad, tarde o temprano, se paga.

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