Sacudirse la inquietud

Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso
Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso.
Jes˙s HellÌn Jesús Hellín

Inquietante escuchar al presidente del Gobierno anunciando el fin del estado de alarma cuando uno sufre la alarma constante de vivir en una comunidad como Madrid, que sigue “en riesgo extremo” con las cifras de la Covid-19 al alza, con señales de que la cuarta ola puede ser seria, con amigos en el hospital o con familiares en situación crítica. ¿Qué prisas tienen por renunciar a un instrumento eficaz en la lucha contra la pandemia? ¿Miedo, tal vez, a pasar la reválida del parlamento?

Pero más inquietante es ver a la presidenta de esa comunidad jugar con la verdad, estirarla a su antojo o darle la vuelta con naturalidad pasmosa incluso cuando habla de conceptos tan importantes como la libertad o asuntos tan graves como la muerte de más de 14.700 personas en el territorio que preside. Ahí está ella, tan campante, y ahí están quienes le siguen la corriente, convirtiendo la gestión de la pandemia en principal asunto de la disputa electoral mientras ciudadanos de a pie, omniparlantes tertulianos y locuaces expertos redoblan la inquietud debatiendo con frenesí sobre los diversos tipos vacunas. Más valdría que unos y otros debatieran sobre lo que de verdad conocen: el empobrecimiento del sistema sanitario, el enjambre de contratas y subcontratas que lo sobrevuelan desde hace años y ese rampante liberalismo a la madrileña que consiste en usar la palabra libertad en vano mientras grandes empresas hacen negocio privado con dinero público.

En las elecciones del 4 de mayo unos votantes se sacudirán la inquietud votando contra Ayuso y sus tenebrosos socios y otros votando contra Iglesias y Sánchez. Las urnas no arreglarán los problemas, pero igual sirven para poner a alguien en su sitio.

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