La ocasión

Diputados y senadores de PNV posan en el Congreso
Diputados y senadores de PNV posan en el Congreso

Despierta enorme excitación en tertulias y partidos políticos sin representación para formar una mayoría de gobierno, el hecho de que el grupo con más escaños intente mediante acuerdos formar esa mayoría

Critican las prisas, olvidando que llevamos años atascados; censuran las rectificaciones, ignorando que pactar exige ceder y que la historia de las democracias –incluida la nuestra– está hecha de cesiones y rectificaciones. 

En pleno éxtasis extrademocrático reclaman la retirada del candidato más votado mientras expresan su nerviosismo con insultos. 

Sin embargo, esta sociedad está pidiendo a gritos pactos representativos y el intento de formar un gobierno de mayoría progresista, similar a los que durante 40 años han funcionado en ayuntamientos, no solo es legítimo sino lógico.

Que ese intento sea respaldado por independentistas con líderes presos por sedición puede provocar recelos, pero también esperanzas: abre la puerta a políticas que quizá permitan desbloquear un problema territorial para el que aún quedan salidas dentro de una Constitución que no solo es de las más progresistas, sino también de las más flexibles del mundo... algo que deberían considerar también quienes han quedado como fuerza más votada de la oposición.

Por su parte, los independentistas, a quienes están pidiendo una simple abstención, no que se encadenen con grilletes a los leones de las Cortes, harán bien en valorar esta oportunidad que les da ocasión de corregir errores. 

Salvo que quieran, como quieren algunos en Madrid, que sigamos votando cada seis meses hasta que gane Vox, de quien sería demasiado bondadoso decir que está en la peor tradición de nuestra derecha cortijera.

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