Bienvenido, Frankenstein

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se funden en un abrazo en el hemiciclo
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se funden en un abrazo en el hemiciclo
Europa Press

De un Parlamento Frankenstein como el que hemos votado los españoles solo podía salir un gobierno Frankenstein. Es lo que hay y es lo que exige el juego democrático: un gobierno de coalición como los que tienen otras democracias europeas y los que nosotros mismos hemos tenido en los ayuntamientos, con naturalidad y sin espasmos, desde 1979.

Bienvenido sea el Frankenstein construido sobre la voluntad política de quienes, como es obligado cuando se pacta con otros, han dejado atrás una ristra de rectificaciones y digodiegos suficiente para alimentar muchas horas de maldita hemeroteca. A ti te puede parecer feo y a mi guapo, o al revés, pero es imprescindible cuando se tiene un Parlamento con dos docenas de formaciones políticas representativas. ¿Guapo o feo? Da igual. Lo importante es que le funcione la cabeza, no como a la criatura de Mary Shelley, que de cerebro andaba justita.

¿Tiene buena cabeza el nuevo gobierno? Lo vamos a saber muy pronto, en cuanto empiece a gobernar, que es lo que tiene que hacer un gobierno aunque en estos años lo hayamos olvidado. Gobernar. Hacer cosas. Atender las demandas de unos ciudadanos que no entienden cómo buena parte de sus problemas han sido creados por quienes tendrían la obligación de solventarlos.

En la nueva derecha, tan vieja en sus tics e ideas fijas, algunos más allá del derecho al pataleo, están enseñando los dientes y mostrando interés por mantener vivos los problemas, como si de ello dependiera su sustento. Ahí reside, sin embargo, la única probabilidad de supervivencia del recién nacido Frankenstein: en demostrar desde el primer Consejo de Ministros que no viene a crear problemas, sino a intentar resolverlos.

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