Que miren a Merkel

La canciller alemana, Angela Merkel, tras reunirse con los presidentes de los 'länder'
La canciller alemana, Angela Merkel.
ANDREAS GORA / EFE

Aunque mi calle sigue convertida en un intransitable vertedero, por fin he podido volver a Madrid y a casa, ocho días después de la nevada. Entenderán que me pida el cuerpo darle un repaso a quienes gobiernan esta ciudad y esta comunidad, lo que supone hablar de incompetencia, falta de previsión, pésimos reflejos y justificaciones vergonzosas, en la habitual línea de sacudirse las responsabilidades, sin olvidar el problema de base: el desmantelamiento de los servicios públicos y su sustitución por negocios privados alumbrados por un tosco liberalismo que financian, eso sí, con tu dinero y el mío.

Pero, no. En vez de hablar de esa catástrofe doméstica voy a hablar de una catástrofe continental: termina la era Merkel. Con la marcha de Angela Merkel no solo pierde una gran referencia la UE, también la pierde la derecha y es una pena. A diferencia de las derechas emergentes en Europa, Merkel combina el sentido de Estado con una visión histórica supranacional. A diferencia de las derechas emergentes en España, la democristiana Merkel pone el respeto al contribuyente por delante de argumentarios y banderas. 

La democristiana Merkel pone el respeto al contribuyente por delante de argumentarios y banderas

Su pragmatismo la aproxima en ocasiones a valores clásicos de la socialdemocracia que ya no son exclusivos de los partidos socialdemócratas: hoy no cabe concebir una democracia sin tolerancia, solidaridad, fiscalidad y servicios públicos eficaces, derechos civiles avanzados y, desde luego, un Estado fuerte, capaz de sujetar a los mercados.

En lugar de culpar a otros de sus propias limitaciones deberían aprender de Merkel los aprendices de brujos que tenemos por aquí, a medio camino entre la derecha cortijera y la derecha franquista, con escala técnica en la FAES.

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