Contra los que no quieren vacunarse

Un 73% de la población española estaría dispuesta a recibir una vacuna contra la Covid-19 de refuerzo
Un 73% de la población española estaría dispuesta a recibir una vacuna de refuerzo. 
20M EP

Después de un año y pico de pandemia en el que hasta hemos aprendido a diferenciar marcas de vacunas, creo que ha llegado el momento de empezar a relajar las restricciones. Tranquilos, no soy Miguel Bosé, sino más bien todo lo contrario. Mi apuesta es por la libertad, esa de la que alardea Ayuso, pero para los que ya hemos subido el selfi en el vacunódromo a Instagram.

Lo de que se impongan pasaportes Covid o se limiten los movimientos de los no vacunados –antes de que estas fueran accesibles para toda la población– me sonaba fatal. El caso es que ahora conseguir el pinchazo es facilísimo y el límite está en los doce años, aunque no falta mucho para que baje aún más la cifra. Vamos, que el que no se vacuna es porque no quiere.

Excluyo de la ecuación a los que no pueden ponerse la inyección por fuerza mayor, motivos serios de salud, pero fíjate que de esos no he conocido a ninguno. Con los que sí me he topado es con los de "nadie puede obligarme" y "es cosa mía". No lo es, primero, porque expones a todo tu entorno cercano por tu decisión "individual" y, segundo, porque fastidias a toda la sociedad al colaborar con el mantenimiento de la gravedad de una enfermedad que ha dejado de serlo para los inmunizados.

¿Es justo que las personas vacunadas, responsables con la solución a la pandemia, vivan con las mismas limitaciones que los que han optado por pasar? Para empezar, equipararlos afecta a la continuidad de la vacunación y a posibles futuras dosis. Si seguimos con las mismas restricciones que antes de ponérnosla, la sensación es la de estar en un bucle pandémico del que no hay manera de salir. Es cierto que, para aflojar, la situación tiene que ser favorable y las variantes que lo ponen todo patas arriba, dejarnos en paz; pero la realidad es que la cosa va a mejor.

Entiendo que los titulares sobre fallecidos vacunados dan mogollón de clics, pero son la excepción y suelen estar llenos de matices. Si algo ha demostrado esta pandemia es la importancia de la buena comunicación en salud y, por eso, sería importante empezar a marcar la diferencia entre número de contagiados y de enfermos; los segundos, en el punto en el que está la pandemia, parecen mejor baremo. Claro que los contagiados pueden llevar el virus hasta personas inmunodeprimidas, pero eso se controla con prevención, no metiendo miedo como el que generan algunos conteos de defunciones. Hay cifras de decesos diarios en las que se incluye a cualquiera que haya dado positivo en Covid, sin tener en cuenta la verdadera causa de la muerte.

La pandemia nos ha hecho dar muchos pasos para atrás, pero, al fin, tenemos la oportunidad de volver a caminar hacia delante. Si alguien se tiene que quedar sin moverse del sitio, que sean los imprudentes que no quieren vacunarse. 

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