Calviño, cuidado, una de las propuestas puede matar a mucha gente

Jesús Morales  Director adjunto de '20minutos'OPINIÓN
  • Es cuestionable el anuncio de cobrar por el uso de todas las autovías sin tener en cuenta el precio en vidas que puede suponer volver a llenar de coches la red secundaria de carreteras.
La ministra de Economía, Nadia Calviño, durante una reunión del Comité de Asuntos Económicos y Monetarios, en el Parlamento Europeo, en Bruselas.
La ministra de Economía, Nadia Calviño, durante una reunión del Comité de Asuntos Económicos y Monetarios, en el Parlamento Europeo, en Bruselas.
Stephanie Lecocq / EFE

Hay muy pocas personas que cuestionen que España necesita un plan de reformas para pagar el rescate que vamos a recibir de Bruselas. Salir de las crisis no es gratis y Bruselas esta vez nos exige algo más que una política inocua de gestos. Quieren que generemos más ingresos y reduzcamos gastos innecesarios. Para lograrlo, el Ejecutivo de coalición ha presentado una larga batería de medidas, algunas inevitables, pero otras muy discutibles. Por ejemplo, es evidente que hay que reformar el sistema de pensiones para hacerlo sostenible. Esto no es cuestionable, aunque sí es debatible si la propuesta del Gobierno es o no la más adecuada. Pero hay otros anuncios cuya simple existencia sí es muy cuestionable. En esta categoría está el anuncio de cobrar por el uso de todas las autovías sin tener en cuenta el precio en vidas que puede suponer volver a llenar de coches la red secundaria de carreteras. Esas carreteras que no son ni autovías ni autopistas registran el 75% del total de los muertos que hay por accidentes de coche en España. El planteamiento es simple. Cuanto más porcentaje de coches se pasa de la carretera a la autovía, menos accidentes. Así que el Gobierno merece darle un replanteamiento.

De momento, lo que se va conociendo y confirma el Gobierno central indica que en cuanto al ciudadano, el plan de Recuperación lo han resuelto de una forma bastante básica . Más impuestos por el diésel, un aparente fin de las exenciones a los matrimonios que hagan el IRPF conjunto, cobrar por usar una autovía, más impuestos por contaminar, un recálculo de las pensiones... No es precisamente la fiscalidad del siglo XXI que se nos lleva años anunciando, pero sí puede ser la forma más efectiva que ha encontrado el Gobierno para cuadrar las cuentas y que Bruselas piense que España no está haciéndole trampas.

En el detalle de las medidas que ha presentado la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, a la Comisión Europea hay una coincidencia: todas son muy eficaces a nivel recaudatorio. Cualquiera de ellas supondrá el ingreso de miles de millones. España ha optado por la eficacia, en vez de por incluir propuestas simbólicas que pudiesen tener calado en su electorado, pero no en las arcas estatales. Seguramente esa filosofía es correcta, pero estas medidas implican abrir algunos debates colaterales. Se puede plantear si generan desigualdad (como el caso de penalizar a los matrimonios en las que un cónyuge tiene poca renta), si no facilitan el entendimiento entre generaciones (su plan de reforma de las pensiones) o si penalizan sobre todo a la clase media (el impuesto al diésel). Son debates que se irán abriendo conforme el Gobierno y Bruselas vayan aterrizando las propuestas.

Sin embargo, entre las medidas fiscales se ha incluido una especialmente preocupante, que quizá se debería haber merecido un debate social antes de entregársela a la UE envuelta como un gran regalo con el que recaudar miles de millones de euros de una forma rápida. Es la imposición de peajes en todas las autovías. Es cierto que generará muchos ingresos (hay estimaciones que lo sitúan en más de 20.000 millones al año, entre el beneficio para las administraciones públicas y lo que tendrán que pagar por IVA las concesionarias), pero tiene un contraprecio en vidas humanas.

¿El Gobierno está dispuesto a asumirlo? Parece que sí, y sin debate previo. No cuadra mucho la normalidad con la que lanzan la posibilidad de desviar a cientos de miles de automovilistas a las vías secundarias con por ejemplo la precaución que está tomando el mismo Ejecutivo con la vacuna AstraZeneca. Seguramente, en porcentaje de vidas, los efectos secundarios de la vacuna británica son bastante menos nocivos que los que supone desviar a parte de los coches que usan autovías a las carreteras secundarias.

Aquí van algunos datos: Más del 70% de los accidentes con muertos por accidente de coche son en carreteras que no son ni autopistas ni autovías. Ese dato es del propio Ministerio del Interior. Otro dato que el Gobierno no debería ignorar. El último informe RACE sobre siniestralidad y tramos de alto riesgo identifica los 50 tramos viarios con más accidentes y riesgo. Casualmente, ninguno de ellos es una autovía ni desde luego una autopista. Todos son carreteras nacionales o comarcales, que son las lógicas destinatarias del desvío que implicarán los peajes en carreteras.

En España, las Comunidades Autónomas con peor red viaria (Galicia, Asturias, Aragón, Andalucía, entre otras) han estado décadas luchando por reducir la siniestralidad en carreteras que eran competencia estatal. Muchas de ellas han ido financiando con sus presupuestos el pago de tramos de autopistas, para que el conductor normal pudiese usarlas en vez de exponerse a zonas con mucha siniestralidad de la red de carreteras nacionales. Justo lo contrario que ahora se empieza a plantear.

Es evidente que hay que buscar una fórmula de financiación para asumir el mantenimiento de estas carreteras y su mejora, pero no es evidente que la única opción sea cobrar por las autovías. Otros países lo hacen gravando aún más la gasolina, o con un tributo mayor por circular. Hay suficientes opciones en el escenario europeo como para pensar que la única opción posible de sacar dinero sea llenar de peajes cada autovía española y desviar al conductor con menos presupuesto a las carreteras secundarias. No solo las vacunas tienen efectos secundarios. Y algunos son más letales que otros.

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