Treintañeros

Jóvenes excursionistas españoles tomando un descanso en la zona de los árboles costero.
Dos jóvenes mantienen una conversación.
Xavierarnau (iStock)

Muchos dicen que cuando eres treintañero estás ante la mejor década de la vida. Esta semana he cumplido 31 años, es decir, han pasado los primeros 365 días desde que arranqué mi cuarto decenio. Es una etapa donde se junta la madurez con la inmadurez, aunque algunos no lo reconozcan. Se pueden ver con cierta perspectiva tanto la adolescencia como las tonterías que se hicieron en la juventud, pero también se vislumbra como un horizonte lejano la jubilación. Hace un tiempo escuché a una persona decir que la vida se divide en tres etapas. Las primeras tres décadas se sitúan en el aprendizaje y la formación, todo gira en torno a ello. En la segunda toca trabajar duro y comprendería desde los 30 a los 60 años. Por último, habría otra donde lo que gana es el disfrute y la sabiduría, que comprendería desde los 60 en adelante, siempre que la salud lo permita. Una reflexión que puede ser perfectamente real con la esperanza de vida de la sociedad actual.

"Si tuviésemos la certeza de lo que nos va a deparar la vida, esto sería un trámite más y, por lo tanto, perdería su esencia"

El treintañero, por lo general, es una persona rebosante de energía, capaz de echarse a sus espaldas cualquier problema, con ambición y multitud de ideas en su cabeza. Salvo excepciones, suele ser gente dispuesta a comerse el mundo. En su contra juega la virtud de la inexperiencia y el debate interno. Es una temporada en la cual surgen muchas preguntas a las que es difícil dar una respuesta y que pueden marcar el resto de tu estancia en este mundo. ¿Me caso o no?, ¿tengo hijos ya o espero un poco?, ¿sigo viviendo de alquiler o doy un paso con una hipoteca?, ¿tengo opciones de prosperar profesionalmente?, ¿me lanzo a abrir un negocio?, ¿me quedaré con este salario de por vida?, ¿estaré solo para siempre?, ¿dejo el gin-tonic y bebo solo vino o cerveza?, ¿me busco la vida en otro país?... Y así hasta miles de cuestiones que cada cual tiene en su mente. Una especie de sinvivir tras el que muchos desatan la tan odiada “ansiedad”, es decir, el miedo a lo que vendrá.

No tengo ni idea sobre si esta es o no la mejor década de la vida, quizá sí o quizá no. Está claro que son tiempos de observar, trabajar y aprender todo lo posible. Un periodo donde hay que intentarlo, no cansarse de sumar proyectos y perder el temor al fracaso. Hay espacio suficiente para rectificar si es necesario, y si no, siempre quedará la experiencia vivida. La incertidumbre es un enemigo a primera vista, pero también el mayor aliado, ya que da sentido a lo que viene. Si todos tuviésemos la certeza de lo que nos va a deparar la vida, esto sería un trámite más y, por lo tanto, perdería su esencia. Os daré mi visión dentro de nueve años, de momento me toca vivir.

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