Trabajar o vivir

Un hombre estresado en un aeropuerto.
Un hombre estresado en un aeropuerto.
GTRESONLINE

Se suele decir que en esta vida o tienes tiempo o tienes dinero, pero disfrutar de ambos es algo al alcance de muy pocos. Escuchaba estos días unas declaraciones en una entrevista al periodista José Ramón de la Morena donde decía que gracias a que él no ha tenido tiempo de estar con sus hijos, estos han podido tener todo al alcance de su mano. Este año, tras más de tres décadas, se retira de las ondas para dedicar tiempo a su nuevo bebé.

La Organización Mundial de la Salud está alertando de que el riesgo de muerte por ictus o cardiopatías isquémicas aumenta de forma considerable cuando se trabaja más de 55 horas a la semana. Hablamos de un aumento del 42% de las defunciones por motivos del corazón y de un 19% en cuanto a accidente cerebrovascular. Este análisis llega en un momento en el que la pandemia ha propiciado que el teletrabajo consiga que muchas personas no puedan lograr separar la vida laboral de la personal. Los periodistas de esto sabemos un poco. El oficio nos lleva a estar conectados cuando sea y donde sea. Un fin de semana, unas vacaciones veraniegas o un puente son utopías hasta que llega ese compañero de vida y te dice que bajes el pistón. Solo ante el aviso de un ser querido vemos las orejas al lobo. La vida es eso que pasa entre tuit y noticia.

"Pagar menos de 950 euros a una persona por 40 horas de trabajo a la semana es humillante"

Soy partidario de la efectividad, más que del efectismo. Nos vendrá bien reflexionar por qué si una persona es productiva en seis horas, debe estar dos más contando baldosas del suelo. Algunos pusieron el grito en el cielo cuando el salario mínimo aumentó porque destruiría el tejido empresarial, y aún es una medida que hay que valorar a medio-largo plazo. Pagar menos de 950 euros a una persona por 40 horas de trabajo a la semana es humillante a mi modo de ver. Muchos volvieron a poner ese chillido en alto cuando un partido político habló de jornadas semanales de cuatro días. La idea no es mala, pero sí que es cierto que hay que matizarla, pulirla, discutirla con agentes sociales y probar su efectividad. En nuestro país somos muy efectistas, nos gusta aparentar, y no nos damos cuenta de que el mundo avanza hacia el trabajador efectivo.

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