Qué difícil es olvidar

Charlie Pride, primer cantante de country de raza negra, recientemente fallecido.
Charlie Pride, cantante de country de raza negra, recientemente fallecido.
WIKIPEDIA

Los años pasan para todos y, en ocasiones, no es una tarea fácil llegar a aceptarlo. Cada persona deja una huella. A veces buena, otras no tanto. En el caso de los personajes relevantes, además, queda un legado. El 2020, acrecentado por la pandemia, está borrando del mapa demasiadas figuras, algunas muy recientemente. Para el olvido no quedarán precisamente las novelas de espías, incluso llevadas a la gran pantalla, del gran autor británico John le Carré. Tampoco la hazaña que supuso que un cantante de country de raza negra como Charlie Pride llegase a los altares de la industria musical americana en los años 60, en un año donde también hemos perdido a otras dos insignias de este estilo de música popular estadounidense como Kenny Rogers o John Prine. Lo sé, no he podido dejar pasar la ocasión de revelar mis gustos musicales en esta columna.

El ser humano muchas veces acepta que le llega la hora de dejar paso a otras generaciones, es algo que forma parte de la naturalidad de la vida. Ahora bien, las personas más cercanas a ese sujeto no terminan de verlo así en la mayoría de los casos, y surge esa sensación de vacío que cada cual trata de rellenar como mejor puede autoconvencerse, “¿Por qué le ha tocado?” retumba en el cerebro cientos de veces. 

Las canastas de Kobe brindarán con los goles de Michael Robinson, el cementerio de los libros olvidados de Ruiz Zafón

Las canastas de Kobe brindarán con los goles de Michael Robinson, el cementerio de los libros olvidados de Ruiz Zafón buscará la rima con la literatura de misterio de Mary Higgins Clark, mientras que Juan Marsé busca a sus colegas de los 50. Aquí tengo que hacer un paréntesis para recomendar una novela de Zafón más llamativa y que es anterior a su best seller cuyo nombre es Marina.

Los desfiles de Lucía Bosé no tendrán nada que envidiar a la sonrisa que tantas sobremesas ha dejado Kirk Douglas, mientras José Luis Cuerda prepara una claqueta más a su colección. Aute estará escribiendo letras una y mil veces más, usando la voz de Betty Wright para que Little Richard pueda dedicarse a ejecutar en el piano lo que Ennio Morricone ha enseñado a la mayoría del planeta.

En definitiva, todos han dejado un legado, bonito, tal como le gustaba a Pau Donés

Chadwick Boseman estará ensayando en el escenario bajo la batuta de Olivia de Havilland y un rocoso profesor de interpretación como Sean Connery. El saxo de Pedro Iturralde retumba como la guitarra de Eddie Van Halen, mientras Teresa Rodrigo y Katherine Johnson hacen cálculos como solamente dos mujeres tan luchadoras han sabido hacer. Uderzo y Quino no piensen que han dejado de crear y dibujar personajes, ni tampoco Julio Anguita ha frenado su impetuoso espíritu combativo. 

Son todo huellas, momentos que cada cual puede ver de forma diferente porque los personajes públicos calan, de una u otra manera, en nuestro cerebro. Ah, no piensen que me olvido del Pelusa, a quien seguramente Lorenzo Sanz estará viendo gambetear desde el palco con un buen puro en la mano. En definitiva, todos han dejado un legado, bonito, tal como le gustaba a Pau Donés.

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