La propaganda política

El candidato de Unidas Podemos a las elecciones de Madrid, Pablo Iglesias
El candidato de Unidas Podemos a las elecciones de Madrid, Pablo Iglesias
DANI GAGO/PODEMOS

Como cada vez que se acercan unas elecciones, la agresividad en los discursos aumenta y abre periódicos, radios e informativos de televisión. Las banderolas con preponderantes caras y frases simples enarbolan las calles ante la mirada de una ciudadanía que ha convertido la batalla en las urnas en algo similar a la lucha por un título futbolístico. Hay un problema y este radica en que de partido político se cambia, pero de equipo de fútbol no. Yo nací siendo del Atleti, y moriré siendo del mismo conjunto. La vida es así.

Ahora llegan jornadas en las que recibimos los programas electorales como si de las tablas de la ley de cada lista se tratase. Pasa en Madrid, después pasará en Andalucía, y más tarde quién sabe si en todo el territorio nacional. Si podéis, ahorraos su lectura e invertidla mejor en una buena revista, una película o plantar un huerto urbano ahora que están de moda, y ojo, que los tomates caseros nada tienen que ver con los del supermercado.

Los programas electorales, aunque no lo creáis, suelen ser bastante parecidos y están llenos de mentiras. Los jefes de los partidos tienen que hacerlos para decir algo que les haga tratar de mostrarse diferentes durante la campaña. En nuestro país, hoy en día y pese a que cueste asimilarlo, hay poca diferencia entre formaciones de derecha y de izquierda. La horquilla ideológica en estos documentos sufre pequeños matices en temas económicos y de impuestos como el IRPF, o causas de identidad de cada formación como el feminismo o el patriotismo. Es decir, nada tienen que ver los actuales con propaganda de los años treinta del siglo pasado, por ejemplo.

Los programas electorales suelen ser parecidos y están llenos de mentiras

Programas como el del PP, PSOE o Cs; si hacemos pequeños reajustes pueden pasar por cualquiera de las tres formaciones. En general contienen mucha paja, muchos adjetivos, y se gustan hablando en primera persona del plural. Además, son escritos que no están suscritos a un contrato, es decir no hay por qué cumplirlo. En campaña se miente mucho. Ahora bien, a la hora de gobernar bien saben todos que el límite es la Constitución, por un lado, y la Unión Europea por el otro. Ya os adelanto que ni se puede proclamar la República, ni tampoco eliminar las autonomías.

Hay que ir a votar, cuanta más gente mejor, porque ese día es la fiesta de la democracia. Un voto que al final lo más coherente es depositarlo en la persona que mejor creas que va a gestionar el dinero público y más llevadera va a hacer tu vida. No hay más, un líder. El resto de nombres de las listas al ciudadano le dan igual, son puntos que suman los dirigentes de los partidos en su carrera por la cámara. Ah, y siento decir que al final el político solamente busca un objetivo, que es el de empotrarse en la administración el máximo tiempo posible, y para ello vale todo. Hagan juego.

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