Navidad, maldita incertidumbre

El rey Baltasar saluda desde su carroza durante la tradicional Cabalgata de Reyes que ha recorrido las calles de Madrid.
El rey Baltasar durante una de las Cabalgatas de Reyes de Madrid.
David Fernández / EFE

Madrid, si la pandemia lo permite, tendrá Navidad en sus calles. A muchos no les gustará, a otros les dará igual, pero para otros tantos el anuncio de que “los Reyes Magos vendrán el 5 de enero” que ha hecho la delegada de Cultura del Ayuntamiento de la capital, Andrea Levy, les habrá sacado una sonrisa.

El año que llevamos no hace falta decir que está siendo para olvidar. Están ocurriendo cosas tremendamente chocantes y a las que la sociedad de bienestar que habíamos creado en nuestro país desde los años 60 del siglo pasado no está acostumbrada. No tengo ninguna duda de que una pandemia siglos atrás o una guerra son cosas absolutamente peores, ahora bien, a nosotros nos ha trastocado nuestra forma de vida

"Una magnífica recompensa [para los niños] sería ver a los Magos de Oriente"

Esto duele y es algo a lo que cuesta mucho acostumbrarse. Cierto es que las cifras de muertos son tristemente estremecedoras, pero también que lo único que se pide al ciudadano es llevar una mascarilla y tener el mínimo contacto social posible. Gestos que salvan vidas ahora mismo. Es duro decirlo, pero lo mejor que se puede hacer es no verse

Negocios y empresas están pasándolo muy mal, quien ha podido irse de vacaciones no lo ha hecho quizá a su destino ideal, y las fiestas nacionales a las que tan acostumbrados estamos aquí no han podido celebrarse. La gente está necesitada de alegría e ilusión. Ir a la festividad de su pueblo, tirar petardos o tomates en levante, bailar una jota en el Pilar, firmar libros en Sant Jordi, escuchar los acordes de un castizo chotis o tomarse una manzanilla en las ferias del sur. Lo anhelamos, pero no se puede.

"La gente está necesitada de alegría e ilusión"

Ahora bien, en pocos meses estará aquí la mayor fiesta del año para un servidor. La Navidad es luz y familia, también alegría y dulce, sin olvidar la decoración y el frío. Es una fiesta que, salvo casos contados, la mayoría celebramos encantados. Los niños no están pudiendo jugar en sus colegios como deberían. Son jóvenes y necesitan de ello. Una magnífica recompensa al esfuerzo que han hecho estos meses sería poder ver a los Magos de Oriente en el comienzo del invierno.

Pónganse en su piel, dejemos de pensar en nosotros y permitámonos el lujo de volver a ser críos por unos días, incluso por unas horas. Si finalmente se puede asistir a ver alguno de los belenes que parece ser que habrá por la ciudad, o algunas actividades familiares o musicales que también, estaremos algo más felices. Maldita pandemia, haz que pase.

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