La corta vida política

Los candidatos a la presidencia del Gobierno de Ciudadanos, Albert Rivera (i), y de Podemos, Pablo Iglesias (d), durante el debate electoral que ha organizado este viernes la Universidad Carlos III de Madrid.
Albert Rivera y Pablo Iglesias
EFE

Pocos pensábamos que Murcia tendría tanto peso. La vida política cada vez es más corta. Los que hoy son mucho, mañana no son nada. Estás, y como si de un truco del Mago Pop se tratase, dejas de importarle a la gente al día siguiente.

Gran parte de los españoles recordamos aquella charla que propuso Jordi Évole en octubre de 2015 entre los dos proyectos llamados a la revolución democrática. Un aspecto revolucionario entendido desde la agitación de unas fichas del tablero que llevaban décadas sin moverse más que para un lado o para otro. Gente joven, con buena dialéctica y con ganas de luchar frente a los dos colosos del sistema. Uno se presentaba como la gran apuesta contra los nacionalismos, y en concreto el que tenía lugar en Cataluña. El otro pretendía acabar con todas las desigualdades sociales. Ambos compartían un mensaje en su discurso, poner fin a la corrupción. Dieron guerra, e incluso apretaron las tuercas a las estrategias de los poderosos, pero ahora ya solamente están en los libros de historia. Dos proyectos con nombre y apellidos.

"El discurso de Iglesias caló entre los ciudadanos, pero se agotó entre disputas internas y decisiones personales no del todo acertadas"

Pablo salió de la calle y esta fue la que le aupó a la política. Menuda paradoja, pues ha sido la propia política la que le ha puesto en la calle. Su discurso caló entre los ciudadanos, pero se agotó entre disputas internas y decisiones personales no del todo acertadas. Empezó en las asambleas que se convocaban en las aceras madrileñas, y cuando le ha llegado el momento no ha querido entrar en la verdadera Asamblea de Madrid. Del 15 de mayo de 2011 al 4 de mayo de 2021. 

Desde que dejó la vicepresidencia del gobierno parecía uno de esos yogures a los que ves que se les acerca la fecha de caducidad. Veremos a ver si ese legado era de consumo preferente, es decir, si le queda vida útil o acaba siendo un juguete roto y de “Podemos” solo quedará el recuerdo del lema que usamos para ganar la Eurocopa comandada por Luis Aragonés. 

Albert, al contrario, pegó el salto a Madrid tras superar una beca importante en su tierra. Desde 2006 llevaba pateándose las calles e incluso desnudándose si hacía falta para frenar un independentismo que desde Moncloa arrinconaban. Cada soplido del procés eran dos balones de oxígeno naranjas. 

Era complicado no ver en aquellos años 2016 y 2017 un futuro gobierno sin Rivera en la presidencia. Paso a paso parecía acercarse al fin del bipartidismo, pero cuando el escándalo republicano catalán estalló, se llevó consigo gran parte de su fortaleza. Después vino la foto de Colón, que no le perjudicó ni por asomo. Sus mejores resultados llegaron justo después. 

"Sánchez aguarda en Moncloa con grandes feudos en su poder, esperando el mejor momento para volver a las urnas"

Se hizo fuerte abandonando el centro y destacando como una alternativa a la derecha renovada, aunque finalmente el ego o los principios acabaron con el proyecto que llevaba el europeísmo por bandera. Depende a quién preguntes te dirá si fue una u otra decisión, lo que está claro es que no siempre todo es o blanco o negro, quizá la mezcla de ambos da un gris cercano a la realidad. Hoy sin representación en Madrid ni Galicia ni País Vasco y siendo el séptimo partido de Cataluña, los cimientos se tambalean de verdad.

Se abre un nuevo paso en la política española donde habrá que comprobar hasta qué punto Errejón, Yolanda, Abascal o Arrimadas son capaces de frenar el auge del bipartidismo. El Partido Popular ha cogido impulso, se ha llevado por delante todos aquellos votantes de la formación que se erigía bajo un manto centrista que pocos creyeron. Ahora bien, el paso definitivo en unas generales hay que demostrarlo porque ya son una realidad el PP de Feijóo, el PP de Juanma Moreno o el PP de Ayuso, pero el que te debe llevar a ganar, como es el PP de Casado, no existe de momento. 

Ahora debe elegir qué modelo presentar. Sánchez aguarda en Moncloa con grandes feudos en su poder, esperando el mejor momento para volver a las urnas. Mientras tanto solamente anda dedicado a trasmitir mensajes positivos centrados en la recuperación, la vacunación, la transición ecológica, el digitalismo o la resiliencia. Aún le queda una última carta por jugar. No va a dejar que nadie se entrometa en su camino para erigirse como el salvador del pueblo ante la triste pandemia.

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