Fuego por el terremoto en Tokio
Fuego por el terremoto en Tokio. REUTERS

"Por primera vez en mi vida, por un instante pensé que la palmaba, pensé que era el final. Que la palmábamos todos en Tokio". Es el testimonio de Héctor García, un español que reside en Tokio, en su cuenta de Twitter @kirai y en su blog.

Sigo mareado, parece que viene otro terremoto pero es mi cabeza Explica que no queda nada en los supermercados de la zona, salvo agua y salsas, y que debido a los problemas de recepción de los móviles, la gente hace cola para poder usar un viejo teléfono público. Por otro lado, informa de que las retransmisiones de televisión también se han visto afectadas al doblarse la antena de la Torre de Tokio.

"Sigo mareado, parece que viene otro terremoto pero es mi cabeza. Es como cuando te mareas en un barco y cuando sigues en tierra vas mareado", asegura Héctor.
Héctor indica que mientras volvía a casa caminando iba viendo "todas las calles de Tokio atascadas. Ríos de gente caminando por las aceras".

Una experiencia única

Estaba con mi hija y he tenido que salir corriendo, la casa se movía Por otro lado, 20minutos.es ha contactado con Raúl Ibañez de Garayo, un español que lleva dos años viviendo en Tokio, y que asegura que es la primera vez que vive un terremoto de esta escala, pese a que ya había tenido experiencias previas.

"Estaba con mi hija y he tenido que salir corriendo, la casa se movía y al salir a la calle el movimiento era igual era igual de impresionante. La verdad que ha durado un rato largo por eso ha sido tan fuerte la emoción", asegura Raúl.
Respecto a las comunicaciones, Raúl indica que "ahora los trenes están parados, no hay transporte suficiente para todo el mundo. Hay 'colas' de 2 a 3 horas para coger un taxi".

"Yo vivo al sur oeste y no he visto grandes destrozos. La zona de la bahía de Tokio es la que más ha sufrido", informa.

Ernesto Calero Benítez, un estudiante de 24 años, que lleva viviendo en Tokio desde junio, cuenta a 20minutos.es cómo el terremoto le pilló paseando con su novia y la madre y la abuela de ésta. "Hasta que ellas no dijeron que había un terremoto ni siquiera lo aprecié. Lo cierto es que la ciudad se mostraba caótica, el tendido eléctrico y las antenas parabólicas se movían brúscamente y los edificios se balanceaban de manera pesada. Los edificios se balanceaban de manera pesada La gente en las calles seguía haciendo su vida normal, solo que con actitud "guasona" miraban hacia arriba a los edificios. De hecho mientras el terremoto estaba sucediendo, cogimos un taxi hacia Asakusa. Fue en Asakusa, dentro del templo, donde viví el segundo terremoto fuerte. En este caso estaba más asustado pues me encontraba en el interior de un templo construido hace cientos de años, por lo que había más probabilidades de derrumbarse. Pero lo único que podía verse eran movimientos bruscos de los árboles y las caras de los turistas un poco desconcertadas".

Otro estudiante español, residente en Saitama, cerca de Tokio, manda un correo a este medio en el que explica cómo los edificios japoneses están preparados para soportar los terremotos: "las puertas de los pasillos se cierran solas por si hubiese un incendio(las puedes abrir sin problemas si quieres) además se corta el gas para evitar males mayores y te obliga a hacer una serie de comprobaciones si quieres restablecer el suministro. Los edificios parece que bailan al compás del suelo de manera, que reducen bastante la fuerza del terremoto sobre los edificios".

También el español Leonardo Carrascosa ha contado su experiencia, se encontraba en el distrito de Shibuya, uno de los barrios comerciales más transitados de Tokio, y junto a la estación de trenes. Carrascosa asegura que ya había sufrido muchos terremotos en el país, pero "ningúno como este, ha sido demasiado largo".

"Estaba en mi escuela de japonés, y al ver que el terremoto no cesaba y subía de intensidad, hemos abandonado el edificio bajando las escaleras. Mientras bajábamos mi profesora y un amigo japonés me dijeron que nunca en su vida habían sentido una terremoto de esta intensidad. Entonces la posibilidad de morir se te pasa por la cabeza".

Parece como en tiempo de guerra, los estantes de los mercados están vacios

"La calle estaba llena de gente, todo el mundo se dirigía a la estación, pero esta anunciaba el paro de servicios. No hay tren y no hay metro, mucha gente vive a horas de su puesto de trabajo, por lo que no tiene a donde ir. Yo vivo relativamente cerca, así que empecé a andar, los temblores, más leves, continuaban".

"Muchos supermercados han cerrado y la gente acude en masa a los conbini (pequeños mercados) a conseguir comida rápida para aguantar unos cuantos días. Parece como en tiempos de guerra, los estantes están vacíos de productos, cuando esta misma mañana estaban rebosantes. En la calle cada vez gente más desconcertada y muchos policías y voluntarios intentando orientarles para poder volver a sus casas".

Otro de los españoles que se encuentran en Tokio está ofreciendo en su cuenta de Twitter @ungatonipon y en su blog su particular experiencia y visión del terremoto: "Llevo hora y media caminando con cientos de personas en la calle. Me duelen los pies, pero me falta la mitad del camino".

"Nunca había visto el agua correr por los canales del Este de Tokio a esta velocidad. Están a rebosar", asegura.