Alrededor de un millar de personas dio este domingo en la localidad segoviana de Zarzuela del Pinar el último adiós al sargento Mario Hernández Mateo, de 34 años, que falleció el jueves tras la explosión ocurrida en la Academia de Ingenieros de Hoyo de Manzanares (Madrid).

Tras el funeral de Estado celebrado en Madrid presidido por el Príncipe de Asturias, el féretro con los restos mortales de Hernández Mateo llegaba a la iglesia parroquial de Zarzuela en torno a las 16.50 horas. Cientos de personas esperaban ya en el templo y los alrededores.

Entre los asistentes, la subdelegada del Gobierno en la provincia, María Teresa Rodrigo Rojo; el alcalde de Zarzuela, Maximiliano Olmos (PSOE); el general director de la Academia de Artillería de Segovia, Ricardo Sotomayor; y el procurador en las Cortes de Castilla y León David Rubio.

A las 17.00 horas comenzó puntualmente el funeral oficiado por el párroco de la localidad, Juan Cruz Arnanz, y un capellán castrense. Arnanz subrayó que Mario Hernández, fallecido junto a otros cuatro compañeros durante unos ejercicios, era "un constructor de la paz".

"Mario ha caído haciendo aquello que le gustaba, aquello para lo que se estaba preparando", indicó el sacerdote, para añadir que el joven militar "sabía el riesgo que corría, porque en poco tiempo se iba a trasladar a Líbano, pero con su trabajo quería construir la paz mundial".

Concluido el funeral, el cadáver de Mario Hernández, acompañado por sus padres, otros familiares y compañeros, fue trasladado al cementerio de la localidad segoviana, en el que reposan sus abuelos, donde recibió sepultura.

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