En concreto, el grupo socialista demanda que se potencie la investigación y la formación en el sector de las frutas y hortalizas con destino a la transformación, mimpulsando desde organismos como el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de Andalucía la puesta en marcha de programas específicos de investigación y experimentación basados en la mejora de tecnologías poscosecha.

Asimismo, aboga por mejorar la calidad y competitividad de los productos de IV Gama, mediante su caracterización varietal y el análisis de la situación tecnológica y operacional de las centrales hortofrutícolas, con el fin de proponer mejoras en los procesos que favorezcan el aumento del valor añadido en los mercados nacionales e internacionales.

Además, pide fomentar el desarrollo de actividades de formación y de transferencia de tecnología para las empresas hortofrutícolas con el objetivo de atender sus demandas y generar nuevos conocimientos.

Según el PSOE-A, el sector andaluz de las frutas y hortalizas se caracteriza por una alta diversificación productiva, con productos diferenciados y de calidad que gozan de un amplio reconocimiento, al tiempo que está llamado a ocupar una posición indiscutible en los mercados, para lo cual debe afrontar importantes retos.

A su juicio, una de las formas más eficientes de incrementar el valor añadido de nuestras producciones es la transformación del producto fresco y, en este sentido, la innovación tecnológica debe constituir una apuesta de primer orden, siendo un importante reto para nuestro sector.

Para el PSOE-A, existe un amplio abanico de posibilidades para la incorporación de nuevas tecnologías en nuestras empresas, tales como la calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria, automatización y robotización, nuevos productos y procesos, comercialización y marketing, gestión medioambiental, envasado y conservación, logística y control, o las tecnologías de la información y comunicación.

Se están abordando, según añade, estas líneas desde la investigación, la transferencia de tecnología y la formación de los productores, con orientaciones tan diversas como las nuevas tecnologías de elaboración, conservación y envasado; la mejora y control de la calidad sensorial y nutricional de alimentos; la aplicación de herramientas biotecnológicas para el control de calidad y para el desarrollo de nuevos productos; el desarrollo de nuevos productos de IV y V gama, o la valorización de subproductos de la agroindustria, entre otras opciones.

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