Natascha Kampusch
Natascha Kampusch, en Madrid. JORGE PARÍS

Con un aspecto juvenil: camiseta lila, una cazadora de color tierra y una falda por encima de las rodillas, Natascha Kampusch presentó este miércoles en Madrid el libro de su cautiverio. El más largo sufrido por una menor en toda la historia. 3.096 días de duros relatos contados en 240 páginas. Antes de empezar la entrevista con el diario 20 minutos, esta joven que en la actualidad tiene 23 años, nos pidió que no hiciéramos preguntas muy íntimas. En el libro reconoce que sufrió “pequeños abusos sexuales de su captor”, pero también relata que prefiere no hablar del ello.

¿Por qué dices que tenías necesitabas explicar lo que pasó?
Algunos medios de comunicación de mi país se han metido mucho conmigo por no arremeter duramente contra mi agresor. Han contado muchas mentiras sobre lo que sucedió. Necesitaba aclararlo todo para poder olvidar.

Recuerdo cada instante que me dejó salir de la casa, cada pieza de fruta extra que me daba

¿Te habría gustado que hubieran detenido a tu agresor para que fuera juzgado?
Suelo pensar mucho en ello. No sé si hubiera habido más justicia con Wolgang entre rejas. Tendría una condena, pero es difícil pensar cuál sería el castigo mejor que debería tener esa persona después de lo que me hizo, qué lo compensaría. Me robó mi infancia.

¿Escribir el libro te ha servido como terapia?
Sí. No ha sido fácil porque he tenido que recordar muchas cosas que me hicieron mucho daño. Espero que este libro me sirva para cerrar definitivamente la pesadilla que viví.

¿Siente odio o rencor hacia el que fue su carcelero?
El hecho de que no sienta rencor por mi secuestrado no significa que lo disculpe. Eso sí, no sentir odio me ha ayudado a superarlo. El odio sería una manera de sentir vinculada a él.

¿Cómo vivía los pequeños regalos o permisos (para salir a las calle) que le daba Wolgang?
Era una niña y, pese a estar viviendo una pesadilla, me hacían mucha ilusión. Recuerdo cada instante que me dejó salir de la casa, cada pieza de fruta extra que me daba o alguna chuchería. Él quería ofrecerme lo que mi familia no me podía dar. Eso sí, tampoco escatimó en golpes y humillaciones.

Pese a la experiencia que ha tenido que vivir, ¿puede creer en el ser humano?
El ser humano es capaz de todo. Además, sus objetivos suelen ser positivos.

¿Qué consejo darías a los padres de hijos desaparecidos?
No puedo dar ningún consejo. Es una situación muy dura y triste. No quiero generar esperanza y que se hagan falsas ilusiones.

Lo más terrible para mí fue la falta de libertad y las humillaciones que sufrí

¿Qué fue lo más duro que tuvo que vivir durante el secuestro?
Lo más terrible para mí fue la falta de libertad y las humillaciones que sufrí.

¿Y cuándo acabó su encierro?
Me pasó algo parecido que cuando estaba dentro de la casa. Pesé que ya era libre, pero el odio, la envidia y la incomprensión de algunos medios no me dejaban serlo. Espero que este libro me ayude a ser más libre.

En el libro cuentas que durante el cautiverio llegaste a escribir un libro de ciencia ficción pero que se borró, ¿piensas convertirte en escritora?
Es uno de mis objetivos porque me gusta mucho. Tengo muchas ideas en la mente, pero no sé por dónde empezaré.

Después de haber vivido un auténtico infierno ¿qué es lo mejor que te podría pasar?
Es una pregunta que me hago casi todos los días y nunca he encontrado respuesta. Soy feliz a veces.

¿Qué pensó su familia que le había pasado?
Una de mis hermanas lo dio todo por perdido. Mi padre pensó que mi madre estaba involucrada en la desaparición. La única que nunca dudó que estaba viva fue mi madre. De hecho, no cambió de número de teléfono por si un día me decidía a llamar. Tampoco quiso cambiar ni la cerradura de la casa ni de coche. Tenía la ilusión de que algún día volvería. Cada uno lo vivió de una manera distinta.

¿Puedes recordar algo positivo de su encierro?
Creo que me conozco mejor a mi misma (virtudes y debilidades) que otras personas que se han distraído.

Lo que sé seguro es que taparé el zulo donde fui recluida en el sótano

Cuenta en su libro que leyó mucho durante su cautiverio, ¿qué lecturas recuerda?
Era literatura infantil. Creo que los libros que mi secuestrador leyó en la infancia. El que más recuerdo fue el de La cabaña del Tío Tom. Creo que fue el que más me gustó porque habla de esclavitud y se parecía a mi historia. Sin ropa ni comida y trabajando sin recibir un sueldo a cambio.

¿Sabes su secuestro había sido planeado?
No tengo ni idea. Pienso que sí, pero no lo sé. Son preguntas que sólo podría contestar Wolfgag.

¿Tiene pensado derribar la casa en la que fue retenida?
La decisión no está tomada. Lo que sé seguro es que taparé el zulo donde fui recluida en el sótano, pero lo de la casa no es seguro.

¿Has vuelto a ir a la vivienda?
En dos ocasiones. La primera tampoco me impresionó mucho. Había pasado muy poco tiempo. La segunda ya era más consciente de todo, pero tuve que ir porque había que cambiar el contador del agua de la casa.

¿Qué quiere hacer ahora?
Quiero estudiar. El problema es que he perdido algunas capacidades básicas de socialización. Tengo miedo al contacto social. Esto dificulta todo.

BIO

Natascha Kampush nació el 17 de febrero de 1988 en Viena y con sólo 10 años se convirtió en la víctima del hasta hoy considerado el secuestro más largo sufrido por una menor y del que consiguió escapar con vida en 2006. El día que logró huir de su captor, Wolfgang Piklopil, se suicidó arrojándose a las vías del tren. 3.096 días de su diario personal de aquella barbarie. Natascha tiene en la actualidad 23 años y vive en Viena, donde continúa con sus estudios.