El escritor y periodista Juan Carlos Palma recoge en su nuevo trabajo editorial, 'Bancos de niebla' (Paréntesis), una novela sobre la infancia que recoge la historia de Mario, personaje mitad real, mitad ficticio, "una especie de reverso oscuro de Peter Pan que no sabe asumir el salto a la edad adulta".

Asimismo, en una entrevista concedida a Europa Press, el escritor gaditano ha añadido que al mismo tiempo aparece la historia de Andrés, su mejor amigo de la infancia, que se plantea el reto de escribir su biografía apoyándose en las cintas que Mario dejó grabadas con sus confesiones y en los recuerdos que compartieron. En este sentido, Andrés espera así comprenderle mejor vadeando las lagunas de tantos años de separación y buscando las razones que precipitaron su suicidio.

'Bancos de niebla', que se presenta este jueves en Sevilla, según ha manifestado, narra "una historia dura, de permanente sabor agridulce". Además, ha explicado que la angustia es un elemento consustancial a la personalidad de Mario, un chico solitario, tímido y que se siente diferente a los demás. Su mente es siempre un hervidero de problemas, pues toda relación con los otros le plantea inquietud y le supone cuestionarse a sí mismo.

Palma, hermano de Félix, autor de 'El mapa del tiempo', ha señalado que quizá una de las manifestaciones más evidentes de esa angustia de Mario sea el acoso escolar y extraescolar que sufre, una circunstancia que le marcará de por vida generándole inseguridades. En este sentido, ha apuntado que como en la propia novela cuenta el narrador, el personaje real de Jokin, estudiante de 14 años que se suicidó después de sufrir durante un año el maltrato de sus compañeros del Instituto Talaia de Hondarribia, en Guipúzcoa, y cuyo caso se amplificó gracias a los medios convirtiendo el "bullying" en serio objeto de estudio, fue "una fuente de inspiración importante para mí", ha confesado.

La obra recoge en poco más de cien páginas el valor de los recuerdos. Así, Palma ha precisado que en un principio, desde que tuvo en mente escribir una novela sobre la infancia, se había planteado una narración más lineal que abarcara la vida de Mario recreándose en detalles que permitieran conocerle a fondo. No obstante, ha subrayado que poco a poco, fue consciente de que, de obrar de ese modo, no sólo la novela "le iba a acompañar toda la vida pudiéndose extender hasta el infinito, sino que corría el riesgo de dispersarme a mí y al lector, alejándome del efecto buscado", ha reconocido.

Entonces, según ha destacado, seleccionó los episodios que mejor definieran al personaje, alternar las voces narrativas y que la acción argumental estuviera depurada al máximo privilegiando el aspecto poético. "Por algunos extraños recovecos de nuestra mente, algunos hechos los recordamos mejor que otros y, a veces, nos impiden conciliar el sueño. Esos son los que han tenido preferencia en la novela", ha comentado. PASADO,

"lastre o ventaja"

Por otro lado, ha señalado que el pasado puede ser "un lastre o una ventaja, según lo asuma cada uno", indicando que en Mario es lo primero, impidiéndole salir adelante al tenerlo siempre presente como una marca de nacimiento. Andrés, en cambio, es el polo opuesto, una persona que ha asumido perfectamente su madurez, pero cuya estabilidad emocional aparenta tambalearse con la noticia de la desaparición de su amigo y las revelaciones de las cintas.

Además, ha afirmado que Andrés encarna "al escritor permeable en el sentido de que necesita convertirse en su propio personaje para ser honesto consigo mismo". De este modo, la distancia que separa en un principio a Mario y Andrés va disminuyendo a medida que avanza la novela hasta acabar casi confundiéndose.

En referencia a los lectores, Juan Carlos Palma, autor de 'La vida en espiral', Premio Novela Negra Rodrigo Rubio, ha confesado que le gustaría "haber sabido transmitir al lector la desazón sentimental que sienten los dos personajes principales, así como la dificultad de conocer enteramente a una persona y sus posibles reacciones".

Aunque es consciente de que el relato es "descarnado" y exige que el lector vaya uniendo las piezas del puzzle que aparecen diseminadas a lo largo del mismo, cree que se puede hallar una lectura positiva en la novela, "un planteamiento moral que acaba colocando a cada personaje en su sitio, asumiendo honestamente su responsabilidad en el juego".

Por último, el autor de 'Tren de cercanías' ha reconocido que la obra ha sido todo "un reto, sobre todo, por narrar la historia de una vida truncada en poco más de cien páginas, eliminando lo accesorio y elaborando una estructura circular que aporte sentido al conjunto".

Además, ha apuntado que todas las piezas acaban encajando y el lector tiene la oportunidad de ver el proceso creativo casi desde dentro, situarse en la óptica de Andrés, en sus dudas y reflexiones para asumir un encargo que le toca muy hondo, en lo más profundo de su ser.

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