Ángela Merkel: de segundona a estadista, en sólo cien días

El Gobierno de Angela Merkel cumple mañana cien días de gestión, marcados por un buen debut internacional y sus "pequeños pasos" en política interior, así como por la ausencia de una oposición efectiva.
Ángela Merkel, antes de ser canciller (arriba), y después de serlo (abajo).
Ángela Merkel, antes de ser canciller (arriba), y después de serlo (abajo).
Agencias

Con más de cinco millones de desempleados, un déficit fiscal que superará en 2006 los límites de Tratado de Maastricht y sin avances en las reformas del sistema social, el balance de la alianza entre la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) podría parecer gris.

Sin embargo, la primera mujer en la Cancillería alemana goza ahora de una popularidad desconocida por sus antecesores, el socialdemócrata Gerhard Schroeder y el conservador Helmut Kohl.

Más querida que sus predecesores

Un 80 por ciento de los alemanes considera que Merkel hace un buen trabajo, lo que contrasta con su situación de partida cuando luchaba por la Cancillería frente a Schroeder, a quien las encuestas atribuían mejor condición de líder que a la aspirante.

Buena parte de esa alta consideración se debe al buen pie con que entró en política exterior, materia en la que se la había prejuzgado de neófita.

En tiempo récord desde que juró el cargo, el 22 de noviembre pasado, visitó a sus socios europeos en París, Bruselas, Varsovia y Roma y participó en foros multilaterales.

Aún no había cumplido un mes como canciller cuando tuvo un papel sustancial en la cumbre de la UE, donde se acordó el controvertido plan financiero para el periodo 2007-2013.

Sin pelos en la lengua

El 13 de enero visitó al presidente George W. Bush en Washington, supuestamente para limar las asperezas dejadas por Schroeder, pero aprovechó para criticar la cárcel de Guantánamo.

Tras días después, ante Vladimir Putin, criticó la política rusa en Chechenia y se reunió con líderes de la oposición.

Visitó Israel, pocos después de la victoria de Hamás en los territorios palestinos, y condenó luego, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, la "provocación" del régimen de Irán al no reconocer el derecho a la existencia del estado israelí.

Su ministro de Exteriores, Franz-Walter Steinmeier, resolvió con éxito el primer secuestro de un alemán en Irak, la arqueóloga Susanne Osthoff.

Pendiente queda el caso de los dos ingenieros de Leipzig secuestrados hace más de un mes en ese mismo país.

Con paso lento en política interior

El rápido debut de Merkel en el ámbito internacional contrasta con su línea de "pasos cortos" en política interior.

La canciller anunció que ése iba a ser su principio rector en su primera declaración de Gobierno ante el Parlamento, el 30 de noviembre.

Merkel dejó claro en su campaña que no iba a tratar de seducir al electorado con grandes promesas, al estilo de Schroeder y Kohl, que se pillaron los dedos con sus objetivos de reducción del paro.

Lo más destacable en sus primeros cien días fue la aprobación de un paquete de 25.000 millones de euros destinados a incentivar el crecimiento económico y favorecer la creación de empleo.

A su vicecanciller y ministro de Asuntos Sociales y Trabajo, Franz Müntefering, del SPD, le ha correspondido la papeleta de poner en marcha en plan para aumentar la edad de jubilación a 67 años, en lugar de los 65 actuales.

Gobernar sin oposición

Los 100 días de Merkel en el poder han sido hasta ahora de luna de miel y, encima, la oposición no se ha apuntado ningún tanto en su papel de David contra Goliath.

La correlación de fuerzas no le es propicia, ya que entre Verdes, el Partido Liberal (FDP) y el Partido de La Izquierda suman 166 escaños, frente a los 448 de CDU/CSU y SPD.

A ello se suma el abismo ideológico que les separa y la poca energía dada a su quehacer.

La gran baza de la oposición debería haber sido la petición de una comisión parlamentaria para investigar el papel de los servicios secretos alemanes en la guerra contra Irak y el caso del alemán Jaled Al Masri, secuestrado por la CIA durante meses.

Los Verdes titubearon primero, en parte por el rechazo de su ex ministro de Exteriores, Joschka Fischer.

Entretanto han cambiado de opinión, pero siguen esperando una decisión del FDP, cuyos votos son imprescindibles para lograr el tercio de la Cámara mínimo para que prospere esa petición.

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