Los detectives vigilan ahora con quién salen los jóvenes

Unas 400 familias malagueñas recurren a sus servicios cada año para controlar a sus hijos. Lo más investigado, la picaresca de disimular bajas.
Adolescentes con un rendimiento escolar bajo, compañías muy distintas a las que sus padres desean o que llegan a casa a las tantas; éstas son las preocupaciones que llevan a las familias malagueñas a contratar los servicios de un detective. Quieren saber qué hacen sus hijos cuando se van de marcha.

La demanda es tal que en apenas dos años las investigaciones de este tipo se han duplicado, pasando de ocho o diez anuales hasta alcanzar la veintena. Aunque este promedio no parezca muy voluminoso, si multiplicamos esos 20 casos por la veintena de agencias de detectives que operan en Málaga, la cifra cobra peso: son unas 400 vigilancias al año.

Seguimiento

Las empresas de este sector coinciden al explicar a 20 minutos en que suelen realizar los seguimientos en fin de semana y tras determinadas sospechas de los padres. El resultado se presenta a la familia en forma de fotografías e incluso vídeos.

Casi siempre se confirman las sospechas y los profesionales indican, además, que las investigaciones a jóvenes son las más difíciles, ya que tienen mucha facilidad de movimiento.

Los chicos normalmente se desplazan en ciclomotor y se distinguen por su conducción temeraria. Se han dado casos en los que ha sido necesario abandonar el seguimiento por la imposibilidad de realizarlo sin que el chico se percatara.

Pese al llamativo incremento del espionaje a los adolescentes, los trabajos para mutuas de seguros suponen el 70% del volumen de trabajo que tienen los detectives de Málaga. Su tarea consiste, por ejemplo, en seguir a un trabajador que cada año se da de baja en la misma época por lumbago y, en realidad, está recolectando aguacates en la finca de un familiar. Unas buenas fotografías pueden desencadenar su despido.

‘Padres-espía’ de clase media

Los mitos sobre el mundo de los detectives se desvanecen: la contratación de estos profesionales ya no está ligada a un nivel adquisitivo excesivamente alto. De hecho, según explicaron a este periódico las agencias consultadas, la inmensa mayoría de las familias que acuden al espionaje para averiguar los hábitos de sus hijos cuando salen de casa son de clase media. Por contra, resulta casi insignificante el número de padres con escasos recursos que se aprietan el cinturón para pagar sus servicios. La explicación de los profesionales del sector es que este tipo de familias no se preocupan tanto cuando sus hijos llegan tarde o van con compañías poco deseables.

Sospechas previas consumo de drogas

Casi todas las familias que acuden a un detective para vigilar a sus hijos tienen sospechas de que algo no va bien. Su preocupación suele estar ligada al consumo de drogas o a las malas compañías. Muy pocos padres investigan sin una sospecha previa.

Ellos más que ellas chicos conflictivos

El 60% de los seguimientos que realizan los detectives de Málaga tienen como objetivo a chicos. Aseguran que son «más conflictivos». En las investigaciones a chicas (40% restante) se han llegado a detectar favores sexuales a cambio de drogas, sobre todo coca.

Edades difíciles entre 14 y 23 años

Las investigaciones se centran en niños y adolescentes de esta franja de edad. No obstante, lo habitual es que los jóvenes tengan la mayoría de edad cumplida. También se dan algunos casos de personas cercanas a la treintena que aún viven con sus padres.

Tarifas que varían de 600 a 1.000 euros

Según la empresa, el precio del servicio oscila entre los 600 y los 1.000 euros por un fin de semana. Se encarece si el seguimiento implica la actuación de dos o más detectives o si requiere un desplazamiento. Otras agencias cobran por horas (entre 35 y 45 euros).

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