Se supone que una de las causas es que se sienten solos y van a desahogarse. Cuesta creer que esos escasos cinco minutos que permanecemos en la consulta puedan servir de desahogo, cuando la gran mayoría coincidimos en que el tiempo que se nos dedica como pacientes es insatisfactorio.

 Aunque la dolencia que presenta no se reconozca como enfermedad, tiene derecho a ser escuchado, porque si bien no hay alteración orgánica, la persona puede sentir subjetivamente dolores y otros síntomas. Imponer la palabra puede ser una forma de que el cuerpo calle.

Dicen que una posible solución para mejorar el sistema puede ser el cobro de la visita, aunque sea devolviendo luego todo el dinero a fin de mes. ¿Será una intención encubierta de privatizar el servicio, sacrificando así un derecho social en beneficio de la rentabilidad?