Las comunidades suní y chií se enfrentan por la voladura de la mezquita de Samaraa

La destrucción de la mezquita de Samaraa provoca represalias contra los lugares de culto suníes y hace sobrevolar el fantasma de la guerra interconfesional.
La cúpula del templo del Imán Ali Al-Hadi, antes y después del ataque sufrido en 2006 (20minutos / Efe).
La cúpula del templo del Imán Ali Al-Hadi, antes y después del ataque sufrido en 2006 (20minutos / Efe).
20minutos / Efe

La destrucción de uno de los más venerados santuarios chiíes en la ciudad de Samarra, y el posterior ataque en represalia de decenas de mezquitas suníes en el país hacen planear el fantasma de la guerra interconfesional en Irak.

La violencia desatada tras el ataque contra el templo chií se cobró la vida de al menos seis suníes, tres de ellos imanes, además del secuestro de otro clérigo suní en Bagdad.

27 mezquitas suníes atacadas

Según la policía iraquí, los ataques contra 27 mezquitas suníes en Bagdad "fueron cometidos por gente enfurecida por lo sucedido en Samarra", dando a entender que habían sido perpetrados por fieles chiíes.

Los ataques contra los suníes llegaron después del último atentado mortal contra los chiíes, ocurrido el ayer, cuando la explosión de un coche bomba en un restaurante dentro de un mercado de un barrio de mayoría chií en el sur de Bagdad dejó 22 muertos y 27 heridos.

Vuelan en pedazos un santuario chií

Los altercados llegaron después de que un atentado al amanecer en el interior del santuario del imán Ali Al-Hadi, uno de los doce imanes santos más importantes de la comunidad chií, destruyese su cúpula de oro.

Pese a que el ataque no dejó víctimas, causó la inmediata reacción de la comunidad chií iraquí, mayoritaria en el país, que salió a la calle para condenar el atentado y mostrar su repulsa contra las tropas norteamericanas y el gobierno iraquí, a los que acusaron de no proteger los santuarios.

El ayatolá Sistani llama a la calma

El gran ayatolá Alí Al Sistani, máxima autoridad religiosa del chiísmo iraquí, instó a que los fieles a que se manifestaran de forma pacífica.

"Al Sistani insta al pueblo iraquí y a los musulmanes en todo el mundo a expresar de forma pacífica su protesta y a condenar este crimen", dijeron fuentes de la oficina de Sistani.

El primer ministro iraquí, el chií Ibrahim Al Yafari, condenó el atentado que calificó de "acción cobarde contra todos los musulmanes", e instó a los iraquíes a que se mantengan unidos contra los "terroristas".

El presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, también condenó el atentado, y lo calificó de "crimen para incitar el odio sectario".

"El crimen muestra las malévolas intenciones de sus responsables, que intentan sembrar un conflicto sectario entre los iraquíes para obstaculizar el camino de Irak hacia la democracia", dijo un comunicado de la presidencia.

Torpedo contra la formación del gobierno nacional

El presidente iraquí insistió en que el momento elegido para el ataque indica que uno de sus objetivos es interrumpir el proceso político y obstaculizar las negociaciones destinadas a formar un gobierno de unidad nacional, además de dificultar los intentos para conseguir la estabilidad y llevar a cabo los proyectos de construcción y desarrollo económico.

Los suníes también critican el atentado

Por su parte, la Asociación de Ulemas Musulmanes (AUM), máxima representación religiosa suní en Irak, condenó el ataque contra el santuario chií y lo describió como "un acto criminal destinado a instigar la sedición sectaria en estos momentos críticos".

El Partido Islámico de Irak (PII), uno de los más importantes de la comunidad árabe suní del país, condenó el ataque y pidió una investigación, aunque denunció el ataque contra sus templos.

"El PII condena rotundamente esta criminal acción, por lo que pide una amplia investigación por parte de sectores imparciales, a fin de determinar quienes están detrás del ataque, que forma parte de un plan para dañar al pueblo iraquí provocando una destructiva discordia sectaria", subraya el partido en un comunicado.

Pero los llamamientos a la calma no lograron evitar los ataques contra los fieles y los templos suníes, lo que hace que el temor a una guerra sectaria vuelva a sobrevolar Irak.

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