Zona inundada en la localidad de Rockhampton
Vista general de una zona inundada en la localidad de Rockhampton, en el estado de Queensland (Australia). STRINGER / EFE

Al menos una persona ha muerto y otras dos están desaparecidas como consecuencia de las inundaciones que afectan el noreste de Australia, las peores que ha sufrido la región en décadas y que amenazan con alargarse un mes más.

Una mujer, de 41 años, se convirtió en la primera víctima mortal de estas inundaciones tras ser arrastrada por la corriente el sábado mientras intentaba cruzar el río Leichhardt, cerca de la localidad de Burketown, junto a otras ocho personas que viajaban en dos automóviles.

La policía consiguió rescatar de los vehículos atrapados en el agua a los acompañantes de la víctima, entre ellos tres menores, pero no pudo salvar a la mujer, cuyo cadáver fue encontrado este domingo a dos kilómetros del lugar del accidente.

Mientras, los equipos de rescate buscan desde el sábado a un hombre que desapareció arrastrado por una riada en Tannum Sands, a unos 140 kilómetros al sur de Rockhampton, cuando pescaba con su barca en la desembocadura del río Boyne.

En Rockhampton se busca a otro hombre que desapareció cuando nadaba en el río Fitzroy. "Las aguas corren de manera excepcionalmente rápida, no son ningún juego y no hay que tomarlas a la ligera", dijo el portavoz de la Policía, Alistair Dawson.

Las aguas corren de manera excepcionalmente rápida Más de 200.000 personas se han visto afectadas por las inundaciones que, según han advertido las autoridades, no disminuirán en algunas partes del estado a lo largo de todo el mes de enero.

"Es difícil decir que lo peor ha quedado atrás" dijo Dawson que añadió que "creo que estamos en la mitad del evento".

La fatiga es uno de los peores problemas para los Servicios de Emergencia que trabajan sin parar desde el día antes de Navidad y que esperan la llegada de refuerzos de los estados de Nueva Gales del Sur y Victoria, en el sur del país, según dijo su encargado, Warren Brisdon.

Las riadas mantendrán aisladas, al menos diez días más, vastas zonas del estado de Queensland, de una superficie igual a la de Francia y Alemania juntas, en un desastre que el Tesorero del estado calificó de "proporciones bíblicas".

La primer ministro, Julia Gillard, que en su visita a la zona prometió el viernes más ayudas para las familias que han perdido la casa, dijo que las inundaciones han golpeado fuerte al sector minero y que agricultores, pequeños negocios y el turismo también se verán muy afectados.

En algunas zonas el nivel del agua ha empezado a bajar, pero en otras, como en Rochampton, el río Fitzroy continúa creciendo y se espera que alcance su punto máximo de 9,4 metros el próximo miércoles.

Es un desastre de proporciones bíblicas En esa localidad de 77.000 habitantes se calcula que la riada anegará entre 2.000 y 4.000 viviendas en los próximos días y cortará dos autopistas, mientras el aeropuerto ha tenido que cerrar.

A pesar del trabajo a contrarreloj que están haciendo sus habitantes colocando sacos terreros para proteger lo poco que les queda, el alcalde, Brad Carter, indicó que el 40% de la población se verá afectada por las inundaciones.

Otra avenida de agua se espera en Saint George y Surat, donde se teme que se repita la experiencia de hace sólo diez meses, cuando ya quedaron sumergidos bajo las riadas.

El río Balonne se mantenía este domingo estable a un récord de 12,45 metros pero se prevé que superen los 13 metros y la Oficina de Meteorología no descartó que siguiera subiendo hasta el jueves.

En Emerald, el centro del Estado, se preparan para la recuperación después de que el río Nagoa sumergiera el 80% del municipio y a un millar de casas, y obligara a evacuar a sus 1.300 habitantes que recibieron 2011 en el centro de refugiados, donde continúan hospedándose.

En Bundaberg, donde todos los edificios quedaron bajo el agua, se han podido iniciar las tareas de limpieza una vez el río Burnett ha bajado hasta los 2,5 metros después de que el jueves alcanzara un máximo de 7,9 metros.

Días de lluvias torrenciales han dejado miles de casas y negocios inundados, campos de cultivos anegados y carreteras cortadas, un desastre que costará varios miles de millones de dólares a las autoridades locales y las compañías de seguros.

Australia ha sufrido la primavera más lluviosa desde que hay registros.