Si hubiera justicia divina en este mundo o, al menos, en la gala de los Oscar, Colin Firth merecería llevarse a casa la preciada estatuilla el próximo año. No solo porque lo mereciese en la última edición por su magnífico trabajo en Un hombre soltero, de Tom Ford; sino porque, por segunda vez consecutiva (y esto es lo complicado), borda un papel protagonista en El discurso del rey, la comedia dirigida por Tom Hooper donde da vida a Jorge VI de Inglaterra.

A pesar de las dificultades que debe haberle producido asomarse al personal universo de un monarca con problemas de tartamudez —imprescindible ver la película en versión original para admirar como se merece este trabajo actoral—, Firth se mueve como pez en el agua y a la velocidad de su vertiginoso guión por una película donde los actores que le dan la réplica tienen casi tanta importancia como él. Geoffrey Rush, como un profesor de dicción muy poco ortodoxo; y Helena Bonham Carter, como esposa del rey, merecen una mención especial en un espléndido plantel de secundarios donde también encontramos a Guy Pearce o Derek Jacobi.

Hooper consigue una película que complacerá al espectador porque aúna todos los ingredientes necesarios para triunfar: buenas interpretaciones, una realización impecable, su dosis de buena comedia inglesa (los diálogos entre Rush y Firth son de lo más inteligentes) y una historia emotiva. Por un lado, porque habla de lo humano —la hermosa relación de amistad y lealtad que se inicia entre monarca y profesor— y, por otro, por lo que tiene de divino: un hombre que asume el trono en un momento decisivo de la historia (no olvidemos que Jorge VI se convirtió en rey a las puertas de la Segunda Guerra Mundial) y que tuvo que aprender a superar su miedo a hablar en público para dar aliento a su pueblo.

EL DISCURSO DEL REY. Reino Unido, 2010 / Colin Firth, Geoffrey Rush / Estreno: 22 diciembre