Un tratamiento continuo por vía intestinal permite controlar el párkinson avanzado

  • Se trata de una bomba de gel portátil con levodopa que permite la entrada controlada de la dosis del fármaco.
  • Evita trastornos del movimiento y prolonga los períodos de movilidad normal.
  • El 50% de los enfermos de párkinson padecen trastornos no motores antes de desarrollar la enfermedad.
Una enferma de párkinson.
Una enferma de párkinson.

La administración continua de un fármaco vía intraduodenal ayuda a controlar el párkinson avanzado, ya que el tratamiento oral con levodopa (el más utilizado entre los pacientes de esta enfermedad) es poco efectivo para aquellos que sufren fluctuaciones de movimiento más graves.

Superar este reto para mejorar la calidad de vida de estos pacientes pasa por garantizar esa administración continua sólo posible cuando la vía de entrada es intestinal, ya que la absorción pasa de ser pulsátil a ser 100% continua, según se ha expuesto este sábado en el séptimo Congreso Internacional sobre Párkinson que hasta el domingo se celebra en Barcelona.

Éste es el caso de la bomba de gel con levodopa que en 2010 alcanzó la cifra de 2.000 pacientes activos en Europa y que en España se administra desde 2006 con 250 usuarios, han informado los organizadores por medio de una nota de prensa.

Durante este tiempo los resultados han demostrado que esta vía es eficaz y segura a largo plazo para aquellos enfermos cuya administración oral se asocia a la aparición de fluctuaciones motoras y discinesias (movimientos anormales e involuntarios).

Esto ocurre porque en fases avanzadas el cerebro tiene dificultades para almacenar y liberar dopamina, el neurotransmisor alterado en la enfermedad de Parkinson.

Cómo funciona el nuevo tratamiento

Al administrar levodopa directamente en el duodeno se consigue una absorción continua y se mantienen los niveles constantes en sangre, y se evitan trastornos del movimiento y se prolongan los períodos de movilidad normal.

Después de un período de prueba eficaz, en el que se administra el fármaco a través de una sonda que se introduce por la nariz y llega al duodeno, se realiza una gastrostomía (pequeño orificio a través del abdomen) con el paciente sedado.

Por este orificio se introduce una sonda interna muy delgada que pasa al estómago y luego al duodeno y otra sonda externa que atraviesa la pared del abdomen y fija la sonda interna.

Si la persona no tolera este sistema, tiene la ventaja de retirarse y pasar a la medicación oral.

A partir de aquí, el paciente portará consigo y a cualquier lado una bomba que no es más que un sistema de infusión con gel de levodopa, que permite la entrada controlada de la dosis del fármaco.

El aparato está conectado a una bomba de infusión portátil, donde se programa la cantidad que necesita el paciente: dosis continua a lo largo del día, dosis matutina o dosis extra, que consiste en una dosis de rescate que el paciente puede utilizar si detecta que la medicación no le ha hecho efecto.

Los retos del Congreso

Entre los aspectos que se debaten estos días en el Congreso Internacional de Parkinson está la nueva cara de esta enfermedad, marcada por los denominados Trastornos No Motores como la demencia, la depresión, los trastornos del sueño o la pérdida del olfato.

Según el doctor Eduard Tolosa, especialista en párkinson del servicio de Neurología del Hospital Clínic de Barcelona, el 50% de los enfermos de párkinson padecen trastornos no motores antes de desarrollar la enfermedad, por lo que su detección constituye un factor predictivo.

Un ejemplo es la prueba del olfato que realizan en el Clínic para detectar la hiposmia o pérdida de olfato, que ocurre en más del 70% de los pacientes.

El hecho de que se pueda detectar en estadios iniciales cuando los trastornos motores aún no han aparecido ha permitido concluir que este trastorno no asociado con otra enfermedad puede ser un factor de riesgo del párkinson.

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