Santiago Niño Becerra
Santiago Niño Becerra es autor de El crash de 2010 y de más de 1.400 artículos. Jorge París

Economista polémico, Santiago Niño Becerra fue de los pocos que advirtió, en 2006, de la que se avecinaba. Pero luego ha publicado El crash de 2010, un libro cuyas apocalípticas previsiones no se han cumplido, por lo que ha recibido muchas críticas.

¿Se siente cómodo en su papel de economista polémico?
No me lo he planteado. Ahora vengo de unas jornadas a las que me ha invitado una empresa y yo ya sabía que iba a hacer de malo, iba a ser el que no está de acuerdo. Yo creo que la gran ventaja que tengo es que no tengo ningún color político, por lo que puedo decir lo que creo que tengo que decir.

Pero le han criticado porque no se han cumplido sus augurios.
Estamos en una democracia, cada uno puede decir lo que quiera. Pero se me ha criticado por un artículo de un momento concreto. Y luego he ido publicando más cosas, que corregían mis previsiones anteriores.

En los últimos días la deuda española lo ha pasado mal. ¿Qué cree que va a suceder?
Van a llegar los 'men in black' y dirán, señores hay que hacer esto y aquello. El problema de España es que la dimensión de su economía es mucho mayor que la de la griega, la portuguesa o la irlandesa. Es irrescatable. Para ser rescatada al estilo tradicional (como Grecia e Irlanda) tendrían que inyectarse 750.000 millones y no existen. En consecuencia, España será intervenida y regulada.

En su día se hicieron los test de estrés. ¿Ahora qué?
Los test de estrés fueron, simplemente, para ganar tiempo, unos meses. Había que decirle a los mercados que los bancos están bien. A las dos semanas de que se hicieran, el Allied Irish Bank, que los aprobó, recibió una inyección de 4.700 millones de euros. Ahora la prima de riesgo española ya ha vuelto al nivel anterior a los test. Ya estamos otra vez en la casilla de salida. Es decir, no sirvieron de nada.

¿Quiénes son esos men in black de los que usted habla?
Expertos técnicos que de alguna manera van a decir lo que hay que hacer. Y a esos no los votamos, claro que no. A éstos, ¿quién los elige? Cada vez vamos hacia un mayor dominio y control de las grandes corporaciones. Un ejemplo crucial: Siemens ha pedido licencia bancaria; tiene un exceso de liquidez con el cual va a financiar a sus clientes y proveedores pasando de los bancos. El futuro es ese. Grandes corporaciones expandidas a nivel internacional y fijando unos criterios claros de intervención.

Con cuatro países intervenidos, ¿qué sentido tendría el euro?
El euro está y estará ahí. Porque España, aunque tenga que ser rescatada, y Portugal e Irlanda y Grecia forman una masa crítica y ayudan a Francia, Alemania, Holanda, etc. Sirven para parar golpes. Para los países que están menos mal, es positivo que estemos en el euro. No nos van a echar del euro. Y es de locos que nos vayamos, porque ese euro nos protege a todos.

Una de sus tesis es que vamos hacia un cambio de modelo.
En realidad ya ha pasado, pero ahora las cosas son muy lentas y pasan desapercibidas, como la directiva europea aprobada en septiembre y por la que los países tendrán que enviar su presupuesto a Bruselas para que pase censura. Esto tiene unas implicaciones bestiales. Un porcentaje brutal de la soberanía se evapora. Ahora se está trabajando en otro protocolo por el cual una comisión de expertos puede intervenir el banco que quiera, del país que quiera, sin pedir permiso a nadie. Es el nuevo modelo y ya ha comenzado.

No parece un escenario muy agradable.
Hay que verlo desde una perspectiva evolutiva. Hemos pasado por una fase de individualismo exacerbado y ahora vamos a una fase más colectiva en la que la productividad y la eficiencia van a determinar los parámetros. Habrá cosas que no sean necesarias y es mucho más administrable si hay un control por parte de 10 entes que si hay un control por parte de 10.000. Vamos hacia una concentración de poder.

¿Qué pasará con los que pierdan con ese cambio?
Muy poca gente tendrá muchísimo trabajo. Y mucha gente va a tener muy poco que hacer. El modelo que hemos seguido tendía a ocupar a mucha gente. Ahora lo que se busca es ocupar sólo a la gente necesaria.

¿Y cómo vivirán?
Se les dará una subsidio de subsistencia, una renta básica, muy parecida al salario mínimo actual. Se legalizará la marihuana igual que en 1933 se levantó la Ley Seca. Se podrá cobrar impuestos por ella. Es un cambio radical: hasta ahora se buscaba ir a más. Y eso se ha acabado.