Ana María Matute
Ana María Matute, muy feliz tras recibir el Cervantes. EP

El broche de oro que la barcelonesa de 85 años anhelaba para su carrera profesional y vital ha llegado: el Cervantes ya es suyo. Y la verdad, como la inmensa mayoría piensa, ya era hora.

A lo mejor no soy tan mala... Además, tenían todo el derecho a que yo no les gustara

Esta vez no hemos tenido que quedarnos con las ganas, y eso que la salud de Ana María Matute no ha dejado de darle sustos desde que a los cinco años padeciera una infección que casi la mata y de la que salió su primer relato. Una docena de veces ha entrado y salido de quirófano. Como ella dice, la suya es una "mala salud de hierro". Y una perseverancia también de hierro, gracias a la que hizo de su vocación de contadora de historias su medio de vida, y en unos tiempos complicados para la mujer.

Incluso hoy parecía difícil alzarse ganadora, y eso que llevaba varios días sonando su nombre... Tanta expectación dejaron su sueño la víspera del fallo reducido a cero y los nervios la llevaron a dudar de haber sido premiada cuando González-Sinde le comunicó que ella era la nueva Premio Cervantes: «¿Yo? ¿De verdad? ¿De verdad? ¿Seguro ?».

Matute llevaba tantos años en las quinielas (también ha frecuentado las del Premio Nobel) que le costaba creerlo, aunque como contó ayer por la tarde, en rueda de prensa, esta vez lo veía más probable: "A lo mejor no soy tan mala... Además, tenían todo el derecho a que yo no les gustara". De todos modos quiso dejar muy claro que ella no escribe para ganar premios: "Yo no entro en esas filas".

Novelista antes de los 20

A los 17 ya tenía terminada la novela que tardaría diez años en publicar y que en 1954 se llevaría el Planeta: Pequeño Teatro. Antes ya fue finalista del Nadal, en 1947, con Los Abel, premio que sería definitivamente suyo con Primera memoria en 1959, el año que también le llegó el Nacional de la Crítica.

Pocos son los premios que le quedaban por recibir a esta escritora, también Nacional de las Letras y Café Gijón, que no ha necesitado huir de la realidad y lo cotidiano para reinar en el mundo de la fábula y la fantasía. Su denuncia de la incomunicación humana ha sido otra de sus marcas de fábrica.

No es a la imaginación a lo que más he recurrido para enfrentarme a la vida

Su mirada de niña, ésa con la que se enfrentó a la Guerra Civil que le estalló en sus cortos once años, le dio el sello y el nombre para los de su generación: la de los niños asombrados. A todos les afectó, pero ella fue la que supo cómo convertir el asombro y el dolor en fantástica materia narrativa que no evitaba.

"No es a la imaginación a lo que más he recurrido para enfrentarme a la vida, porque en ella hay cosas muy duras y muy difíciles que te obligan a recurrir a otro tipo de cosas, y no precisamente a la imaginación". La autora de Olvidado rey Gudú (Destino), su obra favorita, contestaba así a 20 minutos en una entrevista por su última novela Paraíso inhabitado (Destino).

Puede que aún haya una más: la autora ha reconocido hace unos días, en plena promoción de la recopilación de sus cuentos, La puerta de la luna, estar embarcada en una nueva. La fuerza de la literatura, que lo ha sido todo para ella hasta tal punto que de no existir habría sido buena candidata a inventarla. Aunque, como dijo en una ocasión: "Antes va mi hijo". Un hijo al que prohibieron ver tras la separación de su marido, pero que de todas maneras consiguió visitar. La factura de todo este dolor vino después. Ayer, emocionada, se atrevió a contarlo: "Me lo dijo el médico: la vida pasa factura. Yo ya era feliz cuando me vino la depresión, tenía a mi hijo conmigo... Pero había estado aguantando muchos años".

Amores literarios

"Me lo paso fenomenal leyendo novela negra, aunque la he descubierto tarde... Lástima que yo no tenga capacidad". La escritora hablaba ayer así del género que está leyendo y que la tiene enganchada: "Millennium aún no lo he leído, pero lo tengo".

Tuvo también palabras para la gran literatura rusa, y su gran amor literario: "Dostoievski es el máximo... Yo entré en la gran literatura por los clásicos rusos". Y muchos, aunque le cueste creerlo casi tanto como este premio, lo han hecho gracias a ella.

Cimas de hombres

El suyo parece ser el número tres: fue la tercera mujer en entrar en la Real Academia (ocupa el sillón K en sustitución de Carmen Conde) y acaba de convertirse en la tercera mujer que en los 35 años de vida del máximo galardón de nuestras letras se lo lleva. Antes que ella, la española María Zambrano (1988) y la cubana Dulce María Loynaz (1992) también conquistaron esta cumbre que ya no es sólo cosa de hombres.

No pases de...

Una peli

Mystic River: Sorprendió ayer Matute cuando en la rueda de prensa destacó, además de a Mankell y a Connolly, la novela de Dennis Lehane en la que se basa esta película. Una historia dura y descarnada, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Sean Penn, Tim Robbins y Kevin Bacon. Warner, 17, 50 .

Un disco

Nocturnos: Una buena elección para acompañar la lectura de cualquiera de las obras de la autora de La torre vigía, cuya relación con la música fue bastante estrecha: la estudió, además de pintura, tras acabar el Bachillerato. Se cumplen además 200 años del nacimiento de Chopin, interpretado en este disco por Nelson Freire. Decca, 38,95 .

Un libro

Olvidado rey Gudú: "Ya de pequeña soñaba con escribir este libro", ha señalado en varias ocasiones la autora. Ayer volvió a referirse a él cuando habló de sus casi 20 años de silencio a causa de una depresión. "Balcells (su agente) casi me secuestró para que la terminara. Y lo hice. Así volví a ser la Matute". Destino, 11,95 .