Amable Á.F., de 72 años, acusado de asesinar a Agustín Rubines Arango y a su hijo, Agustín Rubines García, en enero de 2009 en la localidad asturiana de Perlín, en Trubia, ha reconocido este miércoles su culpabilidad ante la Sección segunda de la Audiencia Provincial de Oviedo y ha aceptado una condena de 35 años de prisión, según ha informado los abogados de las partes.

En concepto de responsabilidad civil el acusado deberá abonar 86.490 euros a la viuda por el fallecimiento de su marido, de 73 años, y 76.880 por la muerte de su hijo, de 40 años, soltero sin descendencia y residente en el domicilio familiar.

Igualmente, deberá indemnizar a Manuel Rubines García, hijo y hermano de las víctimas con 9.610 euros, con lo que el importe total para la familia asciende a 172.980 euros y se ajusta a lo solicitado por la acusación particular.

El juicio con jurado popular no ha llegado a celebrarse al llegar el acusado a un acuerdo con el fiscal. El Ministerio Público encargado del caso consideraba inicialmente que los hechos eran constitutivos de dos delitos de asesinato con alevosía por los que solicitaba por cada uno de ellos una pena de veinte años de prisión. Por su parte, la acusación particular elevaba la petición a 50 años, a razón de 25 por cada uno de los delitos.

"abatido y arrepentido"

En declaraciones a los periodistas, el letrado de la defensa, Marcelino Suárez, he reconocido que "los hechos estaban claros" y ha valorado que el acuerdo era la vía más conveniente para las partes porque "evita pasar un trago a la familia". Siempre según su versión, el autor del doble asesinato "está abatido y arrepentido por lo que ha pasado" y para él cualquier pena es una losa "muy importante".

Suárez ha asociado el crimen a la falta de claridad de ideas de su representado, que "ni entonces ni ahora" es consciente de lo que le llevó al extremo de disparar. "Si lo llega a pensar no habría pasado", ha precisado al respecto.

Por su parte, el letrado de la acusación particular, José González Hevia-Aza, ha manifestado que la pena "no es suficiente" porque los disparos acabaron también con la vida de la viuda y madre respectivamente de los fallecidos, que, desde entonces, "no ha levantado cabeza".

González Hevia ha subrayado la importancia de que el hombre sea considerado "asesino" porque "mató a sangre fría, con no menos de quince disparos a bocajarro, sin previo aviso y con ensañamiento". Posteriormente, ha dicho, "se entregó porque sabía que le iban a coger", pero del arrepentimiento inicial, pasó al olvido y a asegurar que se habrían matado entre ellos, con lo que "no se puede arrepentir".

Además, ha restado credibilidad al móvil "absurdo" de un problema de ganado, puesto que Amable "no llevaba ninguna finca" en la localidad, sino que éstas eran de un primo que las tenía arrendadas. "No había móvil ni provocación", ha recriminado.

En cuanto a la condena, ha precisado que se encargará de que el acusado cumpla al menos quince años de prisión, dado su "magnífico aspecto". "Cuando se le pregunta dice que disparó y que solo le queda morir", asegura Hevia.

Siempre según su versión, el juicio supone "un punto y aparte" para la familia y, a partir de ahora, "la mujer seguirá con su viacrucis, mientras él irá a una cárcel donde estará bien cuidado, se encargarán de que tome la pastilla y dejarán pasar el tiempo hasta que consideren que tienen que salir".

Los hechos

Según la calificación del fiscal, el 28 de enero de 2009, el acusado se percató de la presencia en La Retuerta, a un kilómetro y medio de Perlín (Oviedo), donde residía, de Agustín Rubines Arango y de su hijo, que habían llegado a la localidad con la pretensión de dedicarse a la explotación de una yeguada, lo que molestó al acusado, que consideraba que los animales "se metían de continuo en sus fincas".

Sobre la una y cuarto de la tarde de ese día, el acusado cogió una escopeta de su propiedad y "comenzó a disparar de forma súbita contra las víctimas, con la decidida intención de acabar con sus vidas".

Siempre según el escrito, A.A.Á.F. disparó desde unos 16 metros sobre Agustín Rubines García, y continuó haciéndolo mientras se acercaba a él, hasta dispararle a muy corta distancia. "Todas las heridas que le causó fueron tan importantes que por sí solas hubieran sido mortales de necesidad", señala el fiscal. Arango García intentó solicitar ayuda y logró llamar con su móvil al servicio de emergencias 112, mientras el acusado comenzaba a disparar también a su hijo, hasta acabar con su vida.

De acuerdo con el relato de los hechos del Ministerio Fiscal A.A.Á.F. disparó "al menos 16 veces contra sus víctimas y volvió a su vivienda al menos en dos ocasiones a recoger más munición mientras declaraba su intención de matarlas". Posteriormente, el acusado "arrojó la escopeta en su casa y se trasladó a Oviedo, donde -tras consultar con un letrado, y cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ya conocían lo que había sucedido-, se entregó a la Policía y reconoció que había disparado contra padre e hijo". Alegó, sin embargo, que desconocía cuál había sido el desenlace de su acción.

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